OTTAWA, 03 de julio de 2026.- En julio de 1919, una ballena jorobada fue capturada cerca de la estación ballenera de Kyuquot, en la costa oeste de la isla de Vancouver, Canadá.
Los trabajadores descubrieron que sobresalían de la parte posterior de su cuerpo dos extremidades rudimentarias, cubiertas por una fina capa de grasa, de aproximadamente 1.27 metros (4 pies y 2 pulgadas) de longitud. Una de ellas fue cortada accidentalmente por la tripulación, mientras que la otra fue fotografiada y sus huesos enviados al American Museum of Natural History para ser estudiados por el naturalista Roy Chapman Andrews. Él concluyó que se trataba de extremidades posteriores vestigiales, un caso extremadamente raro relacionado con el desarrollo embrionario de las ballenas.
Con el análisis anatómico, los investigadores identificaron estructuras comparables a un fémur, tibia, tarso y metatarso, aunque incompletas y no funcionales para caminar. Este hallazgo se convirtió en uno de los ejemplos más famosos de extremidades posteriores externas en un cetáceo moderno y fue publicado científicamente en 1921
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