* Los libreros alertan de que las compras masivas e indiscriminadas para alimentar modelos de IA pueden suponer una pérdida irreparable de patrimonio
WASHINGTON, 29 de julio de 2026.- Primero fue un ejemplar de ‘Les coques catalanes’. Después, de forma sistemática y sospechosamente eficiente, cualquier libro de historia local en lengua catalana que llevara meses penando en la trastienda. ¿Los castellers de Granollers? Ensobrar y enviar. ¿Una guía práctica para hacer vino? Lo mismo. En un día, hasta siete pedidos, siempre con pocos minutos de diferencia y para adquirir libros publicados entre los años 70 y 90, «muchos de ellos con tiradas de pocos cientos de ejemplares, carne de desafección de biblioteca pública y prácticamente inencontrables en ninguna parte». Al otro lado, una única empresa, la canadiense con sede en Estados Unidos ZoomBooks, y un mismo destino, un centro logístico a pocos minutos del aeropuerto de Chicago.
«La manera eficiente de escanear cientos de millones de libros es la digitalización destructiva: arrancar el lomo para escanear lo más rápido posible»
A Marçal Font, propietario de la librería Fènix de Badalona, nada de todo aquello le parecía normal, así que empezó a hacer llamadas y descubrió que no era el único al que le estaban lloviendo los pedidos extraños, indiscriminados y mal agrupados. De repente, referencias que llevaban años en ‘stock’ se habían convertido en codiciados objetos de deseo por obra y gracia del algoritmo. También en AbeBooks, portal web de venta de libros antiguos propiedad de Amazon, se disparó el número de pedidos. «Está pasando en todo el mundo de manera metódica. Los primeros con quienes contacté fueron alemanes, pero en Francia están muy preocupados por el tema y sabemos que en España también le ha pasado a bastante gente», explica Font
¿Lo que ha pasado? Fácil: una compra masiva de material bibliográfico de todo el mundo para alimentar modelos de inteligencia artificial. Libros sin copia digital que viajan de una librería de Badalona a una trituradora pilotada desde Silicon Valley previo paso por un escáner. «Ya no tienen datos, se les está quedando vacío internet, así que el proyecto implica sacar nuevos datos de esos libros. Y la manera eficiente de escanear cientos de millones de libros es la digitalización destructiva: arrancar el lomo para escanear lo más rápido posible», detalla el librero y profesor de Literatura Comparada de la UB.
«Tenemos un capital que podemos poner encima de la mesa para ser soberanos de nuestra propio patrimonio»
Detrás de todo esto, sugiere Font, se encuentran empresas como Anthropic, desarrolladora de la IA Claude y señalada por ‘The Washington Post’ como cerebro del inquietante Proyecto Panamá, operación secreta para «escanear y destruir todos los libros del mundo». «La destrucción de un libro para digitalizarlo y llevarlo a un nuevo formato tecnológico no tiene por qué ser malo, siempre que sea una edición moderna que esté controlada y tenga número ISBN», matiza Font.
El problema, claro, es todo ese material pre-ISBN o no digitalizado del que apenas hay rastro de bibliotecas o instituciones oficiales y con el que los bots de compra se están dando un auténtico atracón. Porque después de la destrucción de patrimonio llega la acumulación de conocimiento en un único lugar. «Es muy racional, muy de máquina. Tenemos que verlo desde la óptica turbocapitalista: si quisiera escanear todos los libros del mundo, ¿cómo lo harías? Programarías una máquina para que fuese comprando todo el listado de ISBN que no tienes», aventura.
Según ‘The Washington Post’, la empresa Anthropic está detrás del Proyecto Panamá, operación secreta para «escanear y destruir todos los libros del mundo»
En algunos caso, además, ni siquiera se busca el libro, sino una factura de compra que, gracias a la sentencia judicial que autoriza la utilización de libros adquiridos de forma legal para entrenar IA, permita justificar su uso, aunque sea a posteriori; aunque el libro lleve años escaneado de forma ilegal.
Ante lo inevitable del tsunami tecnológico y tras estudiar a fondo el caso con el especialista en IA Xavier Vinaixa, Font propone tomar la iniciativa y preservar el patrimonio optimizando su explotación. O, dicho de otro modo, cobrar no por los libros, sino por su contenido. «Lo que podemos hacer es generar paquetes de datos de calidad y bien hechos y vender licencias. Es una oportunidad. Tenemos un capital que podemos poner encima de la mesa para ser soberanos de nuestro propio patrimonio y que nuestros nietos puedan investigar la historia sin la intermediación de una empresa de Estados Unidos», argumenta.
Entre tanto, los bots siguen haciendo de las suyas y se mantienen los patrones de compras sospechosamente algorítmicos. «Nos acaba de llegar otro caso raro de un tipo de compra extraña. Estamos investigando, pero viene de la India y es un pedido de libro catalán sobre cosas muy inconexas: el embutido catalán y la sardana de no sé dónde», suspira el librero.
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