WASHINGTON, 19 de mayo de 2026.- En los bosques de África Occidental, investigadores del Instituto Jane Goodall registraron algo que no encajaba en ningún manual de comportamiento animal: chimpancés sosteniendo hojas sobre su propio rostro.
Las hojas no servían como alimento. No funcionaban como protección. No existía explicación de supervivencia.
Lo que los primatólogos encontraron al comparar comunidades vecinas fue más desconcertante que la conducta en sí: grupos de la misma especie, separados por menos de 40 kilómetros, no realizan el comportamiento. Mismo entorno. Misma genética. Cero transmisión.
Un análisis publicado en Scientific Reports en 2019 identificó 144 comportamientos exclusivos de comunidades específicas de chimpancés – incluyendo formas de saludar, usar herramientas y manipular objetos que nunca se desarrollaron en poblaciones adyacentes.
La conclusión es que no se trata de instinto. Es cultura. Y la cultura, en estos primates, se transmite de individuo a individuo dentro del grupo.
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