* El misterio médico que aún no tiene explicación
* Registros del siglo XIX describen dolor extremo seguido de estallidos repentinos que aún hoy carecen de explicación clara.
LONDRES, 12 de junio de 2026.- En el siglo XIX se documentaron varios episodios inusuales en Estados Unidos: dientes que explotaban de forma repentina, liberando de inmediato un dolor que en algunos casos había sido insoportable.
Los casos más conocidos fueron descritos por el dentista W. H. Atkinson en ‘Dental Cosmos’. Aunque estos eventos ocurrieron entre 1817 y 1855, las causas siguen sin resolverse.
El primer registro corresponde al reverendo D. A., en 1817. Su canino superior derecho desarrolló un dolor progresivo que lo llevó a comportamientos desesperados, como golpear su cabeza contra el suelo o sumergirla en agua fría.
La explosión del diente llegó a la mañana siguiente: un sonido «como un disparo» que, según el propio paciente, eliminó el dolor «por completo». Tras ello logró dormir durante casi un día entero.
Trece años más tarde, Letitia D. sufrió un dolor prolongado que terminó del mismo modo súbito: una explosión que rompió el diente y produjo alivio inmediato. El episodio ocurrió cerca del lugar donde vivía el reverendo, según los documentos citados por el medio.
En 1855, Anna P. A. experimentó la misma secuencia: dolor creciente, una «aguda explosión» en el canino superior izquierdo y posterior recuperación sin secuelas. Este fue el último de los casos recogidos personalmente por Atkinson.
Una correspondencia histórica – recuperada décadas después en 1965 – señaló que no se trataba de sucesos aislados. En 1871, el dentista J. Phelps Hibler atendió a una joven cuyo molar «reventó con una conmoción» tan intensa que quedó sorda por varios días. Los registros mencionan «cinco o seis» episodios similares a lo largo del siglo XIX, sin nuevos reportes después de la década de 1920.
En esa época, el dolor de muelas podía convertirse en una tortura prolongada. Una investigación de 1862 en Sussex, Reino Unido, consignó el caso de un hombre que soportó cinco meses de dolor continuo, llorando durante horas diarias, antes de terminar con su vida. Esta referencia contextualiza la desesperación descrita por los pacientes cuyos dientes explotaron.
En su artículo de 1860, Atkinson planteó dos explicaciones posibles. La primera atribuía la explosión a la acumulación de «calórica libre», un fluido hipotético relacionado con el calor, concepto hoy descartado.
La segunda sugería que la caries podría generar gas dentro del diente, acumulándose hasta fracturarlo. En su época, esta hipótesis parecía razonable, pues los dentistas aún creían que las caries eran parte natural del diente y no el resultado de bacterias y dieta.
El profesor de odontología Hugh Devlin expresó dudas sobre la posibilidad de que el gas acumulado pudiera generar presión suficiente para una explosión. Recordó además los reportes de dientes que se rompían en exploradores antárticos de los años 60, posiblemente por frío extremo o caries asociadas a dietas ricas en azúcar.
El químico Andrea Sella propuso otra explicación: la posible electrólisis causada por los antiguos empastes metálicos, elaborados con plomo, estaño, plata y otras aleaciones.
Dos metales diferentes podrían crear una celda electroquímica capaz de producir hidrógeno dentro del diente. Un empaste mal sellado permitiría la acumulación de gas y, eventualmente, un estallido. Sella admitió, sin embargo, que este escenario sería poco común y que no existe evidencia de que los pacientes de Atkinson tuvieran empastes.
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