¿Qué hacemos con el dolor profundo?
Esta semana ha sido emocionalmente muy demandante y muy fuerte para mucha gente que quiero y aprecio. EN el ambiente hay mucho enojo, tristeza y miedo. En las conversaciones que hemos mantenido la pregunta que se repite es ¿Cómo puedo elegir la felicidad, si está este dolor que corroe, que arde, que lastima?

Cuando una está en una corriente marina que te jala, lo peor que se puede hace es intentar nadar en contra corriente, eso nada más nos cansa hasta agotarnos elevando la posibilidad de ahogarnos. Lo recomendable es guardar la calma para poder entender que sí estamos en riesgo pero que sí hay salida. Lo primero que hay que hacer es ACEPTAR que estamos ahí y dejar de pelear con la realidad. Ya sea que estemos en condiciones de pedir ayuda o nadar en diagonal para salir de la corriente, la aceptación de las circunstancias se vuelve vital.

Las emociones son la energía en movimiento y cada emoción tiene una función biológica y psicológica y de sobrevivencia, es por ello que dejarlas fluir y no reprimirlas se vuelve tan importante. Aunque hay una diferencia abismal entre una emoción desbordada y una emoción abordada. Por ejemplo, el enojo, ese fuego que parece tener la capacidad de arrasar con todo, en realidad sirve para poner límites. La tristeza, la energía mas pesada que más lento se mueve sirve para buscar cobijo y vínculos que nos acompañen a sanar, por eso hasta la postura de la tristeza es hacernos chiquitos, para que alguien mas nos abrace y nos proteja, porque muchas veces no tenemos la fuerza suficiente para hacerlo nosotras.

Reconocer esta energía, como reconocemos que la corriente marina ahí está y no se va a ir, es el primer paso para abordarlas. Las personas estamos acostumbradas a reaccionar ante estas energías y tenemos mecanismos de defensa que vamos construyendo desde muy jóvenes para hacer frente a estas olas que parecen ahogarnos. Mi propuesta es primero observar como reaccionamos cuando la emoción esta desbordada y poner un gran freno de mano a toda acción donde no estemos eligiendo la vida, es decir dejemos de reaccionar. y a medida de lo posible, elegir una acción Sólo una que nos permita romper el ciclo vicioso donde se esta moviendo esa energía que nos duele.

Cuando sentimos miedo hay tres reacciones típicas, paralizarse, huir o pelear, pero hay una cuarta Acción, y es hacer redes, buscar nuestros vínculos seguros y amorosos, pedir ayuda, encontrarnos. Cuando todo el entorno se encuentra polarizado, lo más valiente es buscar reencontrarnos, primero en nuestro centro y después con personas que deseen y puedan volver a elegir la vida.

 

Shoshana Turkia

Socia Fundadora de PRESENTE CONTINUO

shoshana@presentecontinuo.com.mx