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Baños de bosque: La técnica japonesa que combate la ansiedad y baja el estrés

* Se trata de una forma de ecoterapia que combina prácticas legendarias con evidencia científica contemporánea

TOKIO, 17 de agosto de 2026.- En la década de 1980, Japón creó una práctica revolucionaria que hoy conquista el mundo: el shinrin-yoku o baño de bosque. Esta técnica, que significa «absorber la atmósfera del bosque», se presenta como un antídoto contra el estrés urbano y una forma de reconectar con la naturaleza para mejorar nuestra salud física y mental.

La práctica ha trascendido las fronteras niponas y encuentra cada vez más adeptos en Occidente, donde los profesionales de la salud comienzan a reconocer sus múltiples beneficios. Los baños de bosque son una práctica validada internacionalmente que consiste en caminar despacio y en silencio por un bosque, prestando atención a los aromas, texturas, sonidos, colores y sensaciones.

Como dice la ingeniera forestal Ana Lupi del Inta – Instituto de Suelos, CIRN, que es guía certificada en baños de bosque y coach ontológico: «No se trata de hacer ejercicio, sino de estar presentes, abrir los sentidos, dejarse abrazar por el bosque». Argentina, con sus 47,9 millones de hectáreas de bosques nativos distribuidos en siete regiones forestales, posee un escenario privilegiado para implementar esta forma de ecoterapia que combina prácticas legendarias con evidencia científica contemporánea.

«El baño de bosque es una práctica de bienestar basada en la conexión con la naturaleza», explica Lupi. La especialista enfatiza que esta actividad difiere sustancialmente de una excursión tradicional: «No es una caminata en el bosque porque sí, sino que el andar es parte de la práctica como así también estar sentado contemplando. El foco es estar en la naturaleza».

A diferencia de un paseo, el baño de bosque requiere de una actitud contemplativa y mindfulness. La práctica busca que los participantes desaceleren de forma consciente, se sumerjan en el presente y activen sus sentidos para generar una conexión profunda con el entorno natural.

Según Lupi, la versatilidad de la práctica permite adaptarla a diferentes entornos. La actividad no se limita exclusivamente a los bosques, sino que puede realizarse en diversos espacios naturales. Como señala la experta, puede desarrollarse «en la montaña, en la orilla de una playa, en un paisaje cultural, un bosque urbano o el mismo jardín».

Según la Asociación Forestal Argentina (AFoA), la práctica regular del shinrin-yoku o baño de bosque ayuda a fortalecer el sistema inmune, disminuir la ansiedad y la depresión, bajar el estrés y la presión arterial, mejorar el sueño, la autoestima y el humor, además de fomentar la cohesión social y el bienestar general. Todo esto no requiere grandes hazañas ni esfuerzos extraordinarios, sino simplemente la disposición a conectar conscientemente con el entorno natural.

Lo que inicialmente parecía una práctica espiritual ahora cuenta con respaldo científico sólido. Las neurociencias y la medicina preventiva lo respaldan con evidencia concreta. Las investigaciones modernas han logrado explicar los mecanismos biológicos que subyacen a la sensación de bienestar que experimentamos en contacto con la naturaleza. «Cuando uno dice ‘me encanta mirar el mar, me tranquiliza’ o ‘el silencio me transporta’ eso es el bienestar percibido que, en realidad, tiene un trasfondo biológico», aclara Ana Lupi.

Las investigaciones del Barcelona Institute for Global Health muestran que niños expuestos a espacios verdes presentan menor estrés medido por niveles de cortisol. En Escocia, se observó que los adultos que viven cerca de zonas arboladas reportan mejor estado de ánimo, más sueño reparador y menos ansiedad. Estos hallazgos validan los efectos terapéuticos que los investigadores han documentado durante décadas.

Los estudios liderados por el doctor japonés Yoshifumi Miyazaki, un reconocido médico que realizó los primeros experimentos de este tema en el mundo y que ha publicado varios libros sobre baños de bosque, prueban que caminar apenas quince minutos en un bosque reduce el cortisol, baja la presión arterial y eleva el ánimo. Los colores verde y azul característicos de los entornos naturales tienen efectos neuronales específicos. Estos tonos cromáticos desencadenan respuestas fisiológicas medibles que se traducen en beneficios concretos para la salud. «Todas las gamas del verde y de los azules tienen un alcance a nivel neuronal que se transforma en reducción del cortisol» explica la especialista.

La reducción del estrés constituye apenas el punto de partida de una cascada de beneficios fisiológicos. Lupi describe cómo «ya el caminar y el estar tranquilo disminuye el estrés. La práctica regular de esta actividad impacta en la presión sanguínea, en el colesterol, en la relajación muscular. La clave es la reducción del cortisol que provoca todo lo demás».

Los bosques ofrecen beneficios adicionales a través de compuestos químicos específicos. Algunas especies arbóreas, como los eucaliptos, liberan sustancias que, al ser inhaladas, fortalecen el sistema inmune. «Hay bosques que tienen especies cuyas hojas liberan unas moléculas volátiles, que se llaman terpenos. Cuando uno las inhala obtiene un efecto positivo sobre el sistema inmune», detalla la ingeniera forestal.

El contacto físico directo con la naturaleza también aporta beneficios únicos. «El hecho de tocar la tierra implica estar en contacto con microorganismos que hacen bien y que fortalecen el sistema inmune. Estar en la naturaleza nos fortalece frente a otras enfermedades».


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