* Este aventurero y emprendedor no se cansa de buscar nuevos desafíos. Tras lograr innumerables hazañas deportivas, ahora quiere pedalear miles de kilómetros por cinco continentes.
MADRID, 28 de abril de 2026.- Cuando uno se pone a leer la larga lista de hazañas que ha realizado el catalán Albert Bosch en su vida, cuesta creer que sea verdad, o que lo haya hecho una sola persona. Pero ahí están sus logros, el cual el más conocido es haber atravesado en solitario la Antártida durante 67 días. O quizás, haber logrado el reto Seven Summits, o sea, coronar los siete picos más altos de cada continente. Emprendedor, autor de seis libros, conferenciante sobre liderazgo, no sabe qué significa estar quieto. Por ello, siempre tiene nuevas expediciones en carpeta, como la quijotesca idea de recorrer cada continente – excepto la Antártida esta vez – en bicicleta. Y mientras tanto, sigue descubriendo rincones del mundo en kayak, haciendo travesías a pie, corriendo o pedaleando.
P: ¿Cuáles consideras que han sido tus aventuras o hazañas más destacadas?
R: Hablar de listas como los top five es difícil. Mi aventura más conocida es la travesía de la Antártida. Pero he hecho 15 expediciones polares. He cruzado el lago Onega, el mayor lago de Europa. También el Linari, el mar Báltico, hice la primera expedición polar en bici de agua en Groenlandia. En breve viajo a Svalbard, en el Ártico noruego, donde se dice que hay más osos polares que personas. Las expediciones polares han sido un pilar muy fuerte. Luego está el tema de montañas: el proyecto más significativo es el Seven Summits, haber escalado la montaña más alta de cada continente. He escalado montañas mucho más difíciles y técnicas, pero como viaje, como manera de conocer el planeta, para mí ha sido una gran oportunidad de vida.
P: ¿Y en temas de motor?
R: También está el Dakar, donde tuve varios hitos: acompañé al primer piloto en silla de ruedas que terminaba en la historia, fui el primer piloto que conducía sin copiloto, y el primero en hacerlo en un coche 100% eléctrico. Sin embargo, a partir de 2010 decidí no hacer más cosas de motor, nada que no estuviese propulsado por energía humana y con un impacto mínimo o neutro, porque no encajaba con mis valores.
P: Con respecto a la travesía de la Antártida, ¿de cuánto tiempo fue, ¿qué te llevó realizarla?
R: Fueron 67 días. Empezamos dos personas, y al cabo del segundo día hubo vientos brutales, una tormenta excepcional. Nos quedamos bloqueados 15 días sin podernos mover ni ser rescatados. En casi 20 días, estuvimos dos jornadas avanzando un poco, dos esperando y 15 bloqueados. Luego seguí solo y tardé un mes y medio absolutamente solo, aislado, porque ahí no hay contacto con ninguna cosa viva, ni planta ni animal. Fue una experiencia muy chula.
P: ¿Cómo describirías ese paisaje de soledad, ese desierto blanco?
R: A mí me gustan mucho las expediciones polares porque te permiten autosuficiencia con el alimento y el combustible que llevas en el trineo, tienes agua suficiente y te da una sensación de estar realmente aislado. En la Antártida lo experimenté al extremo porque estuve solo un mes y medio. El paisaje es monótono, siempre igual, siempre blanco, con más niebla o menos niebla, más viento o menos viento. Pero lo describiría como extraterrestre, lo más parecido que debe ser a estar en otro planeta, porque de hecho es la única parte del planeta Tierra que no ha sido nunca habitada. Es un paisaje muy extraterrestre y a la vez naturaleza pura, que te hace sentir pequeño y muy humilde.
P: ¿Por qué?
R: Porque estos viajes te hacen sentir que la naturaleza manda. Si vas en un 4×4 tienes muchos medios para hacer frente a lo que pasa. En cambio, si vas de manera más deportiva, más aventurera, dependes del entorno como antaño Colón, Magallanes, Amundsen o Mallory. Sabes que no eres nada, la prepotencia se te queda en casa. Una pequeña grieta puede acabar con tu vida y con el viaje. Para mí el paisaje era como una meditación constante, como estar en un lugar aislado de todo pero conectado con todo, con el planeta directamente. Y eso es muy importante cuando estás solo en situaciones así: si no estás conectado, no lo puedes soportar más de dos días.
P: ¿Cómo lidiaste con la soledad, con no tener nadie con quien hablar?
R: Básicamente creo que es una evolución. En la sociedad que vivimos nos acostumbramos a relacionarnos con nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros compañeros de trabajo, pero nos olvidamos de relacionarnos con nosotros mismos. Luego lo descubrimos a los 40 o a los 50 en una crisis y nos gastamos una fortuna en psicólogos y coaches. Desde hace décadas yo tengo la necesidad de tener experiencias solo en la naturaleza, no para aislarme de los demás sino para no aislarme de la naturaleza, para estar conectado con ella y conmigo mismo. Deberíamos todos dedicar uno o dos días al mes a caminar solos por la naturaleza, sin auriculares.
P: ¿Qué tiene de malo usarlos en un viaje?
R: Los auriculares te aíslan: cuando concentras un oído en otra cosa minimizas los otros sentidos. Cuando estás con la canción desconectas del entorno, de posibles cosas inspiradoras, de posibles peligros, y no hablas contigo. Esta conexión entre naturaleza y tú hay que irla practicando. Si necesitas ponerte siempre música o un podcast o estar siempre con alguien, nunca te puedes entrenar a estar contigo. Y una manera de practicarlo es viajar solo. Siempre digo: haz algún viaje solo. Ya no digo a la Antártida ni al Everest, a cualquier sitio normal y civilizado. Vete a cenar solo, alójate solo.
P: ¿Por qué, que tiene de bueno viajar solo?
Seguramente te relacionarás con más gente, te pasarán otras cosas, observarás otras cosas, conocerás otras cosas de ti. Viajar solo de vez en cuando es una gran escuela de autoconocimiento, y la gente no se atreve, o se aburre, y eso es aún peor. El viaje tiene muchas más oportunidades de las que aprovechamos normalmente.
P: ¿Qué supuso para ti el proyecto Seven Summits?
R: Para mí no son solo montañas desde el punto de vista técnico. He escalado montañas mucho más difíciles y técnicas. Pero como viaje, como manera de conocer el planeta, el proyecto ha sido una gran oportunidad de vida. Es escalar la montaña más alta de cada continente, lo cual te da una visión del mundo que muy pocas experiencias pueden darte.
P: ¿Cuál fue el pico más complicado?
R: El McKinley, en Alaska. Es un pico con condiciones árticas totalmente, muy frío, mucho hielo, con una aproximación complicada. Es un pico muy completo. Lo dejé para el final porque es la montaña más cara y porque el proyecto ya tenía impulso y los patrocinadores que tenía involucrados iban creciendo hasta que al final querían estar en la siguiente etapa.
P: ¿Cuál es tu próximo gran proyecto?
R: Es recorrer todos los continentes en bicicleta. Me gusta pensar en grande pero me gusta ejecutarlo. Igual que hice el proyecto Seven Summits, ahora quiero hacer Recycling the World: pedalear todos los continentes, diferenciando a Norteamérica y Sudamérica como dos fases porque es muy largo. Este proyecto ya no es un sueño, ya está en la carpeta de proyectos. La primera etapa empieza el 20 de agosto: voy a cruzar desde Galway, Irlanda hasta Estambul, en modalidad bikepacking (con tienda de campaña). Serán 17 países, unos 5,000 km. Ya está ligado con un patrocinador, tenemos una web, y estamos con una campaña de protección de bosques centenarios: apadrinaremos un kilómetro por cada persona que quiera participar.
P: ¿Por qué se llama Recycling the World?
R: El nombre es Recycling the World, no cycling, sino recycling, que encaja con el concepto de sostenibilidad. El lema es repensar el mundo desde la bici. Es un proyecto de filosofía, de liderazgo y de sostenibilidad, para comunicar y divulgar desde un recorrido hecho a una velocidad bastante humana. El objetivo no es batir ningún récord de tiempo ni de kilómetros, sino dedicar tiempo al viaje entendido como experiencia, no solo ver sitios sino vivirlos.
P: ¿Cuánto tiempo dura la etapa europea?
R: Aproximadamente hasta el 10 de octubre, con diez días de margen. Creo que puedo terminar el 30 de septiembre más o menos.
P: ¿Y las otras etapas, Asia, África, América?
R: Voy por pasos. Sobrevaloramos mucho el tiempo a corto plazo y menospreciamos el tiempo a largo plazo. Por eso muchas veces no hacemos realidad nuestros proyectos. Yo trabajo para esta década. Es un proyecto de diez años: quiero completarlo en la década, haciendo uno de estos viajes cada año. Ya estoy empezando a planificar la etapa dos, que será Australia. Voy del más fácil al más complicado, como hice también con el Seven Summits. Dejo África para lo último porque es el que me llevará más tiempo y el más complicado a nivel de material y de logística. Si puedo hacerlo en tres meses o en cinco, lo hago en cinco. La velocidad no es mi objetivo. Si puedo pasar por más sitios y más países, mejor.
P: ¿Qué te mueve andar en bicicleta?
R: La bici es magnífica porque cubre distancias que caminando serían muy largas, de una manera ligera. Para mí es un medio muy equilibrado entre velocidad humana y algo más que caminar. Caminar también está muy bien, tiene menos impacto y se puede hacer a todas las edades. Pero la bici te da esa velocidad justa para recorrer un territorio a fondo sin sacrificar la experiencia del trayecto. Y luego el deporte en sí, digamos, es el medio puro: en bici, a pie, corriendo o en kayak. Básicamente son los cuatro que utilizo más ahora mismo.
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