MÉXICO, 23 de junio de 2026.- Investigadores de la UNAM desarrollaron levitadores acústicos capaces de suspender moscas y abejas mediante ondas ultrasónicas de alta intensidad, una herramienta que permite estudiar su comportamiento sin contacto físico ni daño.
Estudiar a un insecto vivo sin tocarlo, inmovilizarlo sin ceras ni adhesivos y observar su comportamiento sin alterar su condición natural parece un reto de ciencia ficción. Sin embargo, en el Instituto de Ciencias Físicas (ICF) de la UNAM, con sede en el campus Morelos, un grupo de investigación desarrolló una trampa acústica capaz de mantener suspendidos a organismos como moscas y abejas mediante ondas ultrasónicas.
El proyecto es encabezado por Víctor Ulises Lev Contreras Loera, investigador del ICF, quien junto con su equipo elaboró levitadores acústicos formados por dos estructuras enfrentadas. Entre ellas se genera una cavidad en la que campos acústicos intensos y enfocados producen ondas estacionarias capaces de atrapar distintos materiales y, en este caso, organismos vivos de geometrías complejas.
La clave está en un fenómeno físico conocido como interferencia. Cuando dos ondas se propagan en sentidos contrarios pueden sumarse o cancelarse entre sí, dando lugar a una onda estacionaria. En ciertos puntos de esa onda, llamados nodos de presión, es posible atrapar objetos.
«En la naturaleza, cuando dos ondas se propagan en sentidos contrarios, se produce una onda acústica estacionaria que aparenta que no se está propagando y cambia la amplitud de la presión en algunos puntos, pero en otros no. Esos últimos se llaman nodos de presión, y en ellos se pueden atrapar objetos», explicó Contreras Loera.
Para lograr esta condición, el equipo utiliza arreglos de pequeñas bocinas que emiten ondas ultrasónicas. El sistema debe construirse y ajustarse con precisión para que las ondas emitidas y reflejadas interfieran de manera eficiente, concentrando la mayor intensidad posible en el centro de la trampa, donde generalmente quedan suspendidos los elementos.
A diferencia de otros laboratorios que han capturado objetos de geometrías simples, como esferas, el grupo del ICF enfrentó un desafío mayor: inmovilizar organismos vivos con formas irregulares. En el caso de los insectos, su estructura alargada y compleja puede provocar inestabilidad o rotación dentro del campo acústico.
«Hacerlo con un insecto de manera estable es un reto debido a su geometría irregular. Para lograrlo jugamos con la intensidad y con la fase de las ondas acústicas, generando una onda estacionaria más compleja capaz de capturar cosas alargadas sin que se desestabilicen o roten. Es una particularidad de nuestras invenciones», destacó el investigador.
Durante los últimos seis años, Contreras Loera y su grupo han trabajado en el diseño y perfeccionamiento de estos dispositivos, ampliando sus capacidades y posibles aplicaciones científicas.
Una de esas aplicaciones surgió en 2022, cuando investigadores de la Universidad de Aix-Marsella, en Francia, contactaron al especialista de la UNAM para contar con un dispositivo que les permitiera estudiar insectos vivos sin modificar su comportamiento natural ni causarles daño.
El objetivo era sustituir los métodos convencionales de atado, en los que suelen utilizarse ceras o adhesivos para inmovilizar a los insectos durante los experimentos. La ventaja del ultrasonido es que permite mantener al organismo suspendido sin contacto físico y sin interferir con las mediciones.
«Utilizar sonido dentro del rango audible resultaría impráctico debido a su intensidad, pues sería extremadamente molesto, comparable al generado por una turbina de avión», precisó Contreras Loera.
Por ello, los levitadores acústicos emplean frecuencias de 40 kilohertz, por encima del rango audible para las personas y numerosos seres vivos. El sonido que los humanos escuchamos se ubica entre 20 hertz y 20 kilohertz, mientras que las ondas utilizadas en estos dispositivos no resultan invasivas para los organismos atrapados o «atados» acústicamente.
Desde Cuernavaca, el equipo universitario envió los artefactos a Francia y colaboró a distancia durante tres años en un proyecto con «moscas de las flores», insectos semejantes a las abejas. En ellos se estudiaron aspectos estadísticos y su caída libre.
El trabajo fue publicado recientemente en Annals of the New York Academy of Sciences y muestra cómo una herramienta basada en principios físicos puede abrir nuevas posibilidades para la investigación biológica, especialmente cuando se busca observar organismos vivos sin dañarlos.
Con esta trampa acústica, la UNAM contribuye al desarrollo de tecnologías no invasivas que permiten estudiar la percepción y el comportamiento de insectos desde una perspectiva más cuidadosa, precisa y respetuosa con los organismos vivos.
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