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Más de 500 personas se encuentran actualmente congeladas esperando ser revividas con tecnología del futuro

* Más de 500 personas en el mundo ya esperan dentro de cámaras criogénicas a -196 °C, con la esperanza de que la ciencia en un futuro pueda revivirlas.

WASHINGTON, 26 de febrero de 2026.- Muy a lo Walt Disney, aunque esto es ciertamente un mito, lo de ahora es bastante real. En el interior de varios laboratorios en Estados Unidos, Rusia y China, cientos de cuerpos humanos permanecen suspendidos a temperaturas extremas, esperando a que algún día la ciencia logre hacer lo imposible: devolverlos a la vida.

A ese proceso se le conoce como criopreservación, y aunque suena a película de Spielberg, es una práctica real que se está haciendo cada vez más popular.

La idea es conservar a una persona justo después de su muerte, reemplazando su sangre por una solución anticongelante que impide la formación de cristales de hielo, y enfriarla hasta alcanzar los -196 °C en un tanque de nitrógeno líquido. La esperanza de quienes deciden hacerlo es que, algún día, la biotecnología permita reparar los tejidos y revivirlos.

Hoy, más de 300 personas han sido criopreservadas legalmente, según estimaciones del movimiento internacional de criónica. En algunos casos, las familias optan por conservar solo el cerebro, con la esperanza de que la mente pueda colocarse en otro cuerpo o a un soporte digital en el futuro. En otros, el cuerpo completo se congela con la ilusión de un regreso absoluto, aunque nadie sabe si eso será posible.

Preservar un cuerpo completo puede costar entre 80,000 y 200,000 dólares, y guardar solo la cabeza ronda los 30,000. Aun así, cada vez más personas lo ven como una inversión que no pueden perderse. «No hay garantías de nada, pero es mejor que la nada», dice Max More, fundador de la empresa Alcor Life Extension Foundation, uno de los centros pioneros de este método en Arizona.

En cuanto al proceso, comienza segundos después de que se declara la muerte legal. El cuerpo se enfría al momento para retrasar el deterioro celular, y se sustituye la sangre por una mezcla de químicos llamada crioprotector, que evita la formación de hielo dentro de los tejidos.

Luego, la temperatura se reduce muy poco a poco hasta alcanzar el punto de vitrificación: un estado en el que el cuerpo queda suspendido sin congelarse del todo.

Una vez estabilizado, el cuerpo o cerebro pasa a una cápsula metálica llena de nitrógeno líquido. Cada depósito, que se parece a una enorme cápsula industrial, puede incluso tener dentro a varios pacientes, a los que llaman miembros o participantes. Estas cápsulas se mantienen a -196 °C-

Según Alcor y Cryonics Institute, otro gran laboratorio con sede en Michigan, se debe conseguir mantener el cuerpo sin hielo ni oxígeno. Si los tejidos no se rompen durante el congelamiento, podrían preservarse intactos durante siglos. «El objetivo no es detener el tiempo, es ganar tiempo», explican.

Por supuesto, esto no está libre de grandes polémicas. Hasta ahora, no existe ninguna técnica capaz de devolver la vida a un cuerpo criopreservado. Los avances en biología criónica solo han permitido reanimar embriones, pequeños órganos o tejidos, pero no organismos completos. Por eso, quienes apuestan por esta práctica lo hacen como quien compra un billete a un futuro que nadie conoce.

Alcor en Arizona, Cryonics Institute en Michigan y KrioRus en las afueras de Moscú concentran la mayoría de los pacientes, aunque también hay proyectos nuevos en China y en Suiza. En su totalidad, gestionan los cuerpos o cerebros de poco más de 300 personas, mientras otras 1,500 han firmado contratos para ser criopreservadas tras su muerte.

Sin embargo, Estados Unidos se puede considerar el gran pionero en todo esto. El primer intento de criopreservación data de 1967, cuando el profesor James Bedford fue congelado después de morir de cáncer. Su cuerpo sigue almacenado hasta el día de hoy. KrioRus, por su parte, opera desde 2005 y se ha convertido en la alternativa más barata, con tarifas de unos 36,000 dólares.

De nuevo matizar que esto es comprar o invertir en algo que aún no es posible de realizar. Sin embargo, hay pequeñas victorias que dan pie a que esto pueda ocurrir en un futuro. Células humanas, embriones y ciertos tejidos de mamíferos han sobrevivido al proceso de vitrificación y posterior descongelación sin daños importantes.

«Quienes eligen la criónica están apostando por las generaciones del futuro, no por esta», explicaba en 2024 el neurocientífico Anders Sandberg, del Instituto del Futuro de la Humanidad de Oxford.


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