* El equipo planteó la hipótesis de que hablar más despacio podría transmitir respeto y consideración hacia el interlocutor.
WASHINGTON, 02 de julio de 2026.- La forma en que las personas hablan puede transmitir mucho más que el contenido de sus palabras. Una investigación publicada en Social Psychological and Personality Science concluye que la velocidad del habla está estrechamente vinculada con la percepción de cortesía.
Según los hallazgos, quienes desean sonar más educados tienden a hablar más despacio, mientras que un ritmo acelerado suele asociarse con mayor informalidad. El estudio fue liderado por la psicóloga Nira Liberman, de la Universidad de Tel Aviv.
Los investigadores señalan que la cortesía funciona como una herramienta para gestionar factores como el estatus social, la carga que implica una petición y la distancia social entre interlocutores. Esta última depende del grado de familiaridad entre dos personas.
Aunque investigaciones previas analizaron el tono y el volumen de la voz, el papel específico de la velocidad del habla había recibido poca atención. El equipo planteó la hipótesis de que hablar más despacio podría transmitir respeto y consideración hacia el interlocutor.
«Elena Stephan y yo llevamos tiempo trabajando en un proyecto sobre la cortesía y su relación con la distancia psicológica», explicó Liberman. «Creemos que la gente usa la cortesía para señalar y crear distancia social en lugar de proximidad social».
La investigadora agregó que la distancia social está relacionada con otros conceptos, como la distancia temporal, espacial o hipotética. «Recientemente, descubrimos que la lentitud frente a la rapidez se relacionan con la distancia psicológica y la abstracción», señaló.
«Esto nos llevó a preguntarnos si la cortesía estaría relacionada con la lentitud frente a la rapidez. ¿Hablan las personas más despacio cuando quieren ser más educadas? ¿Interpretan el habla lenta como más educada y el habla rápida como más grosera?», añadió.
Para responder a estas preguntas, el equipo realizó cuatro experimentos. En el primero participaron 102 adultos de habla hebrea que escucharon grabaciones en finés, un idioma que no comprendían.
Los científicos modificaron digitalmente la velocidad de los audios sin alterar el tono. Los participantes debían clasificar los fragmentos como «educados y formales» o «informales y casuales».
Los resultados mostraron que en el 75% de los casos las grabaciones más lentas fueron consideradas educadas, mientras que las más rápidas fueron percibidas como informales. Según los autores, esto demuestra que el ritmo del habla influye en la percepción social incluso cuando no se entiende el idioma.
En una segunda fase, participantes angloparlantes imaginaron que pedían un favor a un desconocido. El 80% indicó que hablaría más despacio para sonar cortés y más rápido para adoptar un tono informal.
La prueba final analizó a 73 mujeres de habla hebrea que leyeron el mismo guion. Quienes recibieron instrucciones de hablar con cortesía tardaron en promedio 29.66 segundos, frente a los 27.94 segundos del grupo informal.
«No estábamos seguros en absoluto de que la gente utilizara el ritmo del habla para descifrar la cortesía», reconoció Liberman. Sin embargo, los resultados confirmaron la hipótesis inicial de los investigadores.
«Utilizamos señales sutiles para regular la distancia social: hacemos que quienes nos rodean se sientan más cerca o más lejos, que perciban nuestra calidez o frialdad hacia ellos», afirmó la especialista.
«El ritmo del habla es una de esas señales. Probablemente la usamos de forma inconsciente, y sin embargo, esta señal parece decodificarse con bastante precisión», agregó.
Pese a los resultados, los autores reconocen limitaciones importantes. «Una limitación importante es que no examinamos el efecto en diferentes culturas», advirtió Liberman.
La investigadora considera necesario ampliar los estudios a otros países y grupos sociales para determinar si la relación entre lentitud y cortesía constituye un rasgo universal de la comunicación humana.
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