InicioNoticiasLa memoria es un relato que se edita todo el tiempo

La memoria es un relato que se edita todo el tiempo

* La neuropsicóloga Lucía Crivelli sostuvo que la carga afectiva y el entorno social influyen en la forma en que recordamos, haciendo que los recuerdos sean subjetivos, cambiantes y susceptibles a la intervención de otros

BUENOS AIRES, 01 de octubre de 2025.- ¿Y si lo que recordamos con total seguridad nunca ocurrió? La inquietud sirvió de disparador para la doctora em neuropsicología, Lucía Crivelli, quien cuestionó, con base en la ciencia, la idea tradicional de la memoria como «caja fuerte» de recuerdos y mostró cómo el registro del pasado es mucho más flexible, contingente y subjetivo de lo que la mayoría de la gente se atreve a sospechar.

«La memoria no es tal como pensábamos, un almacén estático, algo patente que queda grabado, sino que se parece más a una página de Wikipedia: uno escribe ahí el relato y después puede volver a editarlo, y otras personas también», sentenció la especialista.

La  memoria no es un registro fiel del pasado sino un proceso vivo de reconstrucción, influido por las emociones, la información posterior y hasta las presiones del entorno social, y cómo esto afecta tanto la vida cotidiana como áreas tan delicadas como la justicia y la psicoterapia.

Durante mucho tiempo, la psicología y la cultura popular imaginaron la memoria como un gran almacén donde cada vivencia quedaba guardada de forma inalterable, lista para ser evocada cuando hiciera falta. Sin embargo, la doctora Crivelli explicó en su columna que “hoy sabemos que hay un proceso que se llama reconsolidación: cuando me acuerdo de un hecho pasado, lo empiezo a modificar; le sumo condimentos de lo que estoy viviendo cuando lo traigo al presente. Así, el recuerdo cambia”. Para la neuropsicóloga, cada evocación supone una nueva versión: «No solamente puedo editar mi historia cada vez que la recuerdo, sino que otros pueden intervenir con sugerencias, información nueva o simplemente con el paso del tiempo y la repetición».

Crivelli remarcó lo inconsciente que resulta este proceso: «No es que recordamos mal adrede. Uno confía en sus recuerdos, sobre todo en los más intensos o en los vinculados a la infancia, pero no siempre esos recuerdos son verídicos o completos». A modo de ejemplo, profundizó en los famosos experimentos sobre recuerdos flash, en los que se estudió la evolución del recuerdo de eventos traumáticos o socialmente relevantes.

La especialista relató el conocido caso de la investigación sobre el atentado a las Torres Gemelas: «A la gente de Nueva York se le preguntó en qué estaba cuando se enteró del ataque, lo escribieron y firmaron ese testimonio. A los diez años, el relato de esas mismas personas había cambiado hasta en un 70%, aunque su convicción de que el nuevo relato era el original seguía intacta. Cuando veían lo que habían escrito antes, se sorprendían de lo distinto que era». Según Crivelli, esto sucede porque los recuerdos ‘flash’ se evocan, elaboran, se cruzan con relatos ajenos y con nueva información, y nuestro cerebro cada vez los actualiza y reescribe.

«No es un defecto de la memoria, sino incluso una necesidad. El cerebro debe hacer lo que llamamos poda amnésica, porque si guardara todo sería incapaz de pensar. Necesitamos olvidar y simplificar para poder adaptarnos», manifestó.

La especialista relató el conocido caso de la investigación sobre el atentado a las Torres Gemelas: «A la gente de Nueva York se le preguntó en qué estaba cuando se enteró del ataque, lo escribieron y firmaron ese testimonio. A los diez años, el relato de esas mismas personas había cambiado hasta en un 70%, aunque su convicción de que el nuevo relato era el original seguía intacta. Cuando veían lo que habían escrito antes, se sorprendían de lo distinto que era». Según Crivelli, esto sucede porque los recuerdos ‘flash’ se evocan, elaboran, se cruzan con relatos ajenos y con nueva información, y nuestro cerebro cada vez los actualiza y reescribe.

«No es un defecto de la memoria, sino incluso una necesidad. El cerebro debe hacer lo que llamamos poda amnésica, porque si guardara todo sería incapaz de pensar. Necesitamos olvidar y simplificar para poder adaptarnos», manifestó.

Crivelli relató el célebre «experimento del shopping»: «A las personas se les decían tres recuerdos verdaderos, verificados con familiares, y uno falso, inventado: que de chicos se habían perdido en un shopping y una anciana los había rescatado. Después de varios encuentros, la mayoría no solo creía haber vivido esa situación, sino que la contaba como propia y con anécdotas nuevas que jamás ocurrieron. Hasta la emoción era real y el relato se volvía central en su autobiografía».

Esto, explicó Crivelli, tiene profundas implicancias en los procesos judiciales: «La memoria de víctimas o testigos no siempre es precisa o auténtica. No porque mientan, sino porque nuestros recuerdos pueden ser construidos o interferidos desde el contexto, las preguntas de otros o las expectativas sociales».

La vulnerabilidad de la memoria no depende solo de la subjetividad, sino también del contexto exterior. Para Crivelli, «en los experimentos de Loftus y otros, se induce el recuerdo con detalles, pero también con el escenario: una oficina llena de libros sobre neurociencias, presión social y la certeza de que familiares confirmaron anécdotas. Todo eso facilita que la persona termine dudando de sus propios recuerdos reales y acepte, sin darse cuenta, una historia ajena».

Finalmente «el hipocampo y otras áreas cerebrales se activan más con material emocional. Al evaluar la memoria, cuanto más neutro sea el contenido, más difícil es recordarlo». Por eso, en las pruebas cognitivas, suelen usarse palabras sin carga afectiva, que desafían la memoria a largo plazo auténtica y no solo la memoria emocional. «Pero la memoria emocional, aunque más viva, tampoco es más precisa», aclaró.


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