InicioNoticiasLa mayoría de los perros tienen algo de lobo, hasta los chihuahuas

La mayoría de los perros tienen algo de lobo, hasta los chihuahuas

* Ambas especies se hibridaron después de la domesticación, lo que ha dejado marca en el ADN de los canes. Entre las razas más lupinas, el gran sabueso tricolor anglofrancés y el pastor de Shiloh

* La mutación que hizo a los perros pequeños ya estaba en los lobos hace más de 53,000 años

WASHINGTON, 19 de diciembre de 2025.- Los perros evolucionaron a partir de una población extinta de lobos grises que, por hambre o curiosidad, se acercaron a grupos de cazadores-recolectores hace unos 20,000 años en distintas regiones de Europa, Asia y el Medio Oriente. Tras la domesticación, ambas especies se separaron y, aunque pueden tener descendencia fértil, la hibridación entre ambas ha sido poco común. La idea más extendida era que, para que un perro fuera un perro, no podía contener nada o prácticamente nada de ADN de lobo.

Sin embargo, una nueva investigación llevada a cabo por científicos del Museo Americano de Historia Natural y el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano, revela que la mayoría de los perros actuales poseen ascendencia lupina. A niveles bajos, pero detectables. Esta herencia genética, posterior a la domesticación, probablemente ha moldeado características como el tamaño corporal, el olfato y los rasgos de personalidad de nuestras mascotas, según cuenta en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS). El gran sabueso tricolor anglofrancés y el pastor de Shiloh son las razas con mayor ADN lupino, pero algunas inesperadas, como el diminuto chihuahua, también tienen su pequeña pizca de lobo.

«Los perros modernos, especialmente los domésticos, pueden parecer muy alejados de los lobos, a los que a menudo se demoniza – afirma la autora principal del estudio, Audrey Lin, investigadora del Museo Americano de Historia Natural -, pero existen algunas características que podrían provenir de los lobos y que valoramos enormemente en los perros actuales, y que decidimos conservar en su linaje».

Los investigadores exploraron el flujo genético entre ambas especies utilizando más de 2,700 genomas de perros de raza, callejeros (que viven en libertad o cerca de asentamientos humanos) y otros cánidos desde finales del Pleistoceno hasta la actualidad publicados por el Centro Nacional de Información Biotecnológica y el Archivo Europeo de Nucleótidos. Descubrieron que casi dos tercios de los perros de raza tienen ascendencia de lobo en su genoma nuclear, producto de cruces ocurridos hace aproximadamente 1,000 generaciones. Además, todos los genomas analizados de perros callejeros presentan ascendencia de lobo detectable.

«Existen características de los perros que apreciamos mucho y podrían venir de los lobos», asegura Audrey Lin, investigadora del Museo Americano de Historia Natural

«Se trata de ADN de lobo adquirido tras la domesticación. Es posible que existan patrones similares en perros mucho más antiguos, pero actualmente no tenemos la precisión suficiente, principalmente debido a la falta de suficientes genomas de perros antiguos, para detectarlos por los mismos métodos», dice la investigadora.

Los perros lobo checoslovacos y de Saarloos, criados mediante hibridación con lobos, presentaban los mayores niveles de ascendencia lupina, entre el 23 y el 40 por ciento de su genoma. Entre los perros de raza, los más lupinos son el gran sabueso tricolor anglofrancés (entre el 4.7 y el 5.7 por ciento) y el pastor de Shiloh (2.7 por ciento). El pastor de Shiloh se originó en Estados Unidos a partir de cruces con perros lobo u otros híbridos recientes de perro y lobo para crear perros pastores más sanos y aptos para la familia, pero la ascendencia del gran sabueso tricolor anglofrancés – el sabueso más común en la Francia moderna – ha resultado una sorpresa y se desconoce su origen. El Tamaskan, una raza que se originó en el Reino Unido en la década de 1980 a partir de la selección de huskies, malamutes y otras razas con el objetivo de producir una apariencia similar a la del lobo, tiene aproximadamente un 3.7 por ciento de ascendencia de lobo.

La ascendencia de lobo es mayor en los perros de mayor tamaño y en los criados para el arrastre de trineo, caza y pastoreo

Los investigadores hallaron varios patrones en los datos: la ascendencia de lobo es mayor entre los perros de mayor tamaño y en aquellos criados para ciertos tipos de trabajo, como los perros de trineo árticos, las razas consideradas «paria» y los perros de caza y los guardianes que protegen el ganado. Sin embargo, hay excepciones: el mastín napolitano o el San Bernardo no presentan ascendencia de lobo detectable. Curiosamente, también se encuentra ascendencia de lobo en razas caninas que uno jamás imaginaría, como el pequeño chihuahua, que tiene aproximadamente un 0.2% de ascendencia de lobo. «Es muy poco, pero definitivamente está ahí. Desafortunadamente, ¡no sabemos de dónde proviene!», señala Lin.

El equipo de investigación también comparó la frecuencia con la que los clubes caninos utilizan términos de personalidad para describir razas de perros con los niveles más altos y más bajos de ascendencia de lobo. El descriptor más asociado con las razas con baja ascendencia de lobo fue «amigable», seguido de «complaciente», «fácil de entrenar», «valiente», «vivaz» y «cariñoso». En contraste, los perros con alta ascendencia de lobo se describen con mayor frecuencia como «desconfiados de los extraños», así como «independientes», «dignos», «alerta», «leales», «reservados» y «territoriales». Otros descriptores, como «inteligente», «obediente», «bueno con los niños», «dedicado», «tranquilo» y «alegre», aparecieron con una frecuencia similar en ambos grupos de perros. Eso sí, «no podemos afirmar si la ascendencia lobuna es la causa directa de estos rasgos».

Además, el estudio descubrió importantes adaptaciones a las que los perros han accedido a través de los lobos, entre ellas: una mayor ascendencia de lobo en los genes de los receptores olfativos de los perros de aldea, que dependen de la capacidad de olfatear los desechos de comida humana; y la distribución de un gen similar al del lobo tibetano que ayuda a los mastines tibetanos a tolerar las condiciones de bajo oxígeno en la meseta tibetana y el Himalaya.

«A lo largo de los años, los perros han tenido que resolver todo tipo de problemas evolutivos propios de la convivencia con los humanos, ya sea sobrevivir en altitudes elevadas, buscar alimento mientras deambulan libremente por un pueblo o proteger al rebaño, y parece que utilizan genes de lobo como parte de su arsenal para continuar su éxito evolutivo», dice Logan Kistler, coautor del estudio y conservador de arqueobotánica y arqueogenómica del Museo Nacional de Historia Natural.

El estudio también aborda la hibridación entre lobos y perros callejeros en la Península Ibérica. «Se considera una amenaza para los esfuerzos de conservación de los lobos en peligro de extinción, incluido el lobo ibérico. Sin embargo, también hay evidencia de que la mezcla de perros con lobos podría conferir ventajas adaptativas a los lobos ibéricos a medida que se adaptan a entornos cada vez más humanizados», apunta Lin.

«La hibridación entre perros y lobos en la naturaleza es bastante rara – continúa -, a pesar de la superposición de áreas de distribución y la capacidad de reproducirse y producir descendencia fértil. Saben que son diferentes. Tienen diferentes dinámicas sociales. Los lobos generalmente tienen estructuras de manada bastante definidas y las lobas tienen ciclos reproductivos muy definidos: solo se pueden reproducir en ciertos momentos. Los perros no son así en absoluto y pueden reproducirse durante todo el año».

Cuando la hibridación ocurre, «generalmente es el resultado de actividades humanas como la caza o la invasión del hábitat. Estas actividades alteran la dinámica de la manada de lobos, y las lobas tienen una mayor tendencia a salir y reproducirse con perros machos. A medida que los humanos invaden más los territorios de los lobos, es probable que ocurran más casos de hibridación».


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