CANBERRA, 23 de abril de 2026.- Científicos australianos prueban extracto de Asparagopsis que reduce entre 49% y 77% las emisiones de metano sin afectar a los terneros.
– Compuesto de algas rojas aplicado a vacas.
– Metano ganadero como gran problema climático.
– Reducciones del 49% al 77% en emisiones.
– Sin efectos negativos en terneros.
– Menor consumo de alimento, posible ahorro.
– Cambios fisiológicos leves, seguimiento necesario.
– Aplicable en pastoreo extensivo, clave global.
Investigadores de la Universidad de Adelaida han demostrado que un compuesto natural extraído de algas marinas puede convertirse en una herramienta inesperadamente potente para reducir el impacto climático de la ganadería. El ingrediente activo, derivado de la alga roja Asparagopsis, contiene bromoformo, una molécula capaz de interferir en el proceso digestivo que genera metano en los rumiantes.
Este enfoque apunta directamente a uno de los grandes puntos ciegos del sistema alimentario global. El metano entérico – producido durante la digestión de vacas y otros rumiantes – tiene un efecto de calentamiento mucho más intenso que el CO₂ a corto plazo. No es un detalle menor: representa cerca del 30% del aumento de temperatura global desde la era preindustrial.
Reducir esas emisiones sin cambiar radicalmente el modelo ganadero siempre ha sido complicado. Especialmente en sistemas extensivos, donde los animales pastan libremente y controlar su dieta resulta difícil. Aquí es donde esta investigación empieza a marcar diferencia.
El estudio se llevó a cabo con 80 vacas Angus en un sistema de pastoreo, algo poco habitual en este tipo de ensayos. Durante ocho semanas, los animales recibieron un suplemento basado en este extracto de algas.
Los resultados no dejan mucho margen a la interpretación: reducciones de metano entre el 49% y el 77%. No en laboratorio. En condiciones reales, con todas las variables que eso implica.
Este punto es clave. Muchas soluciones funcionan bien en entornos controlados, pero pierden eficacia cuando se trasladan al campo. Aquí, en cambio, el rendimiento se mantiene. Eso abre la puerta a una aplicación mucho más amplia, especialmente en países donde la ganadería extensiva domina el sector.
Uno de los aspectos más delicados en sistemas de cría es el efecto indirecto sobre las crías. No basta con que la vaca esté bien. El desarrollo del ternero es igual de importante.
En este caso, los datos muestran que no hubo efectos negativos en el crecimiento ni en el desarrollo de los terneros hasta los 150 días de vida. El aumento de peso fue normal, sin desviaciones relevantes.
Esto aporta algo que suele faltar en innovaciones de este tipo: confianza. Porque cualquier cambio en la alimentación del ganado genera dudas legítimas, sobre todo cuando afecta a etapas reproductivas.
Otro resultado interesante, y bastante práctico. Las vacas suplementadas consumieron ligeramente menos alimento, pero mantuvieron su peso corporal estable.
Esto sugiere una posible mejora en la eficiencia alimentaria, un factor clave tanto desde el punto de vista económico como ambiental. Menos alimento implica menos presión sobre recursos como suelo, agua o fertilizantes.
En un contexto donde el precio de los insumos agrícolas fluctúa constantemente, este tipo de ahorro puede ser decisivo para que los ganaderos adopten nuevas soluciones.
No todo es perfecto. El estudio detectó algunos cambios en la química sanguínea, como aumentos puntuales del pH alcalino en ciertos animales.
Aunque estos valores se mantuvieron dentro de rangos considerados normales, los investigadores insisten en la necesidad de estudiar los efectos a largo plazo. Ajustar la dosis, entender mejor la respuesta metabólica y evitar posibles efectos acumulativos será fundamental.
También se observaron pequeñas variaciones en marcadores sanguíneos de los terneros, sin consecuencias aparentes. Aun así, conviene no perderlos de vista.
Hasta ahora, la mayoría de investigaciones con bromoformo se habían centrado en sistemas intensivos, donde la alimentación está totalmente controlada.
Este trabajo rompe esa barrera. Demuestra que el uso de suplementos basados en algas también puede funcionar en sistemas extensivos, donde la logística es mucho más compleja.
Esto tiene implicaciones enormes. Países como Australia, Brasil o incluso España dependen en gran medida de este tipo de ganadería. Adaptar soluciones a este contexto marca la diferencia entre una innovación puntual y una transformación real del sector.
La reducción de metano en este rango no es menor. Si se aplicara de forma generalizada, podría suponer un recorte significativo en las emisiones del sector ganadero, uno de los más difíciles de descarbonizar.
Además, al mejorar la eficiencia alimentaria, se reduce indirectamente la presión sobre cultivos destinados a pienso, lo que puede traducirse en menor uso de fertilizantes, menos deforestación y una menor huella hídrica.
Otro aspecto interesante es el potencial de las algas marinas como recurso sostenible. Su cultivo no compite por suelo agrícola, puede absorber CO₂ y nutrientes del agua, y encaja bien en estrategias de economía azul.
Eso sí, también plantea nuevos retos. Escalar la producción de Asparagopsis sin generar impactos negativos en ecosistemas marinos será clave.
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