WASHINGTON, 04 de junio de 2026.- En la década de 1950, la venta de cigarrillos dentro de los hospitales era habitual. El personal solía llevar carritos de habitación en habitación, ofreciendo paquetes y cartones de cigarrillos junto con revistas y refrigerios.
Los pacientes podían fumar en sus camas, y fumar era común en las habitaciones, pasillos, salas de espera e incluso en las estaciones de enfermería. En aquel entonces, el tabaco aún no se reconocía ampliamente como peligroso.
Algunos médicos creían que fumar ayudaba a calmar los nervios o aliviar el malestar, y las marcas sin filtro como Camel, Lucky Strike, Chesterfield y Philip Morris estaban por todas partes.
Enfermeros y médicos solían fumar mientras trabajaban, incluso durante sus turnos y al informar a los pacientes.
Esta práctica reflejaba una época en la que los cigarrillos estaban completamente integrados en la vida cotidiana, incluso en los entornos sanitarios, antes de que la creciente evidencia y las posteriores advertencias del Cirujano General de los Estados Unidos cambiaran radicalmente la percepción del tabaquismo.
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