TOKIO, 02 de septiembre de 2026.- En Tottori, Japón, un hombre de 92 años se paró frente a una máquina industrial y comenzó un ritual.
Se llama kiyoharai, una ceremonia de purificación que los japoneses reservan para despedidas importantes. El antiguo gerente de la fábrica Matsuda Yasu Ironworks la realizó antes de que retiraran dos máquinas que llevaban décadas trabajando: una llevaba 30 años en operación, la otra 37.
Después del ritual, los empleados se inclinaron frente a ellas, en fila, como quien despide a un compañero que se jubila.
Esta costumbre no se practica en todas las fábricas de Japón, pero refleja algo más profundo sobre su cultura: el respeto por el oficio y por las herramientas que lo hacen posible.
Para ellos, una máquina que trabajó fiel durante 37 años no termina en la chatarra sin antes recibir un adiós que reconozca su servicio.
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