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Arqueólogos confirman que un objeto hallado en Sanxingdui fue fabricado con hierro de origen extraterrestre, algo «imposible» en la Edad del Bronce

* Un objeto de hierro caído del espacio y enterrado hace más de 3,000 años en China está obligando a replantear los orígenes de la metalurgia.

ÁMSTERDAM, 02 de junio de 2026.- Durante siglos, el hierro marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Pero mucho antes de que los hornos dominaran su producción, algunas civilizaciones ya trabajaban con un metal que no provenía de la Tierra, sino del cielo. Ahora, un hallazgo en China está obligando a revisar esa historia con nuevos matices.

En el yacimiento de Sanxingdui, uno de los enclaves arqueológicos más enigmáticos de Asia, un equipo de investigadores ha identificado un objeto de hierro cuya procedencia no es terrestre. Tal y como ha revelado un estudio publicado en la revista Archaeological Research in Asia, se trata del artefacto de hierro meteórico más antiguo documentado en el suroeste de China y, además, el mayor descubierto hasta la fecha en el país.

Este descubrimiento no solo aporta una pieza singular al rompecabezas de la metalurgia antigua, sino que también abre una ventana a la mentalidad simbólica y tecnológica de las sociedades de la Edad del Bronce.

Para comprender la magnitud del descubrimiento, es necesario situarse en Sanxingdui, en la actual provincia de Sichuan. Este enclave, activo entre aproximadamente el 2,800 y el 600 a.C., alcanzó su apogeo durante la dinastía Shang. Sin embargo, su cultura presenta rasgos propios que la diferencian claramente de los centros tradicionales del norte de China.

Desde su redescubrimiento en el siglo XX, Sanxingdui ha sorprendido a los arqueólogos con miles de objetos rituales: máscaras de bronce de rasgos casi sobrenaturales, árboles metálicos y figuras antropomorfas que parecen desafiar las convenciones artísticas de la época. Todo ello apunta a una sociedad compleja, con una cosmovisión profundamente simbólica.

Fue precisamente en uno de estos contextos rituales, el denominado «pozo número 7», donde apareció el objeto ahora analizado. Se encontraba incrustado verticalmente en el suelo, como si hubiera sido depositado deliberadamente en un gesto cargado de significado.

Su estado era extremadamente frágil, lo que obligó a los arqueólogos a extraerlo junto con el sedimento circundante para evitar su deterioro. Durante los primeros trabajos de conservación, el objeto se fragmentó parcialmente, lo que permitió estudiar pequeñas muestras sin comprometer la pieza principal.

A simple vista, el objeto – de unos 20 centímetros de longitud – podría parecer una herramienta o un arma, con forma de hacha o útil alargado. Sin embargo, su verdadera singularidad reside en su composición.

Los primeros análisis revelaron una proporción de hierro superior al 90%, acompañada de una cantidad inusualmente alta de níquel. Este detalle fue clave. Tal y como indica el estudio, la presencia de níquel en esos niveles es extremadamente rara en el hierro obtenido mediante técnicas de fundición antiguas.


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