* El joven fue explotado por una red criminal en Myanmar tras ser vendido por su pareja de 17 años
PEKÍN, 12 de septiembre de 2025.- Un joven de 19 años, originario de Zhanjiang, en la provincia china de Guangdong, fue retenido durante cuatro meses por una organización criminal tras ser vendido por su novia en la frontera entre Tailandia y Myanmar.
La autora de la entrega fue su pareja sentimental, una adolescente de 17 años, quien recibió a cambio cerca de $15,000. Las autoridades la detuvieron recientemente, aunque los cargos se limitan al delito de fraude, debido a vacíos legales que impiden procesarla por trata de personas.
La relación había comenzado en un billar, donde la joven se presentó con una imagen de éxito. Usaba ropa llamativa, bolsos de diseñador falsificados y decía provenir de una familia con negocios en Myanmar.
En febrero de 2025, el muchacho la invitó a viajar de forma clandestina a Bangkok, capital tailandesa. El trayecto los condujo hasta zonas cercanas a la frontera con Myanmar. Allí, la joven entregó al muchacho a un grupo armado.
Durante el cautiverio, la víctima fue obligada a realizar fraudes en línea. Lo raparon y lo sometieron a jornadas de entre 16 y 20 horas diarias. Cuando no cumplía las metas, recibía castigos físicos.
En los cuatro meses que estuvo en manos de los captores, el joven perdió cerca de 10 kilos. Según su familia, ahora muestra indicios de sordera, producto de los golpes recibidos en la cabeza. También sufre episodios de paranoia y otras secuelas psicológicas.
La liberación se concretó en junio de 2025, luego de semanas de negociación con los captores. La familia del joven logró reunir el dinero exigido para su rescate.
Una vez en libertad, el afectado regresó a China, donde recibió atención médica y psicológica. Por su parte, la adolescente continuó en Tailandia y fue arrestada tras volver a su país.
Aunque las autoridades chinas la capturaron, no enfrenta acusación por trata de personas. Las leyes actuales presentan lagunas jurídicas que dificultan ese tipo de imputaciones.
Los familiares del joven se manifestaron consternados por la dimensión del hecho. Indicaron que nunca imaginaron que una menor pudiera tener implicaciones en una acción tan grave.
El caso ha encendido alertas sobre la creciente actividad de redes criminales en la zona limítrofe entre Tailandia y Myanmar. Diversos organismos han advertido sobre bandas que captan personas jóvenes para forzarlas a participar en estafas digitales conocidas como «scams».
En muchos enclaves fronterizos, las víctimas son privadas de su libertad y sometidas a labores extenuantes. Informes de derechos humanos han documentado que estos grupos actúan con impunidad en territorios donde predomina la economía ilegal.
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