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Un zoológico de Japón abandona, tras cuatro años, su programa de reproducción con hienas al confirmar que sus dos ejemplares son machos

* Lo que no se puede decir es que no lo intentaron.

TOKIO, 26 de septiembre de 2025.- Al cabo de cuatro años de un intento fallido tras otro, los encargados del zoológico japonés de Maruyama decidieron que era hora de abandonar los esfuerzos para aparear a Kami y Kamutori, dos hienas moteadas (Crocuta crocuta) que el establecimiento recibió en 2010 e hicieron bien.

Tras una serie de exámenes hormonales y de ultrasonido, el zoológico concluyó que la pareja nunca produciría descendencia: tanto Kami como Kamutori eran machos.

Aunque éste parecería ser un error imperdonable, la realidad es que las hienas moteadas pueden – en este sentido – engañar hasta al más listo de los zoólogos.

No sólo el comportamiento y la morfología de las hembras están altamente masculinizados (la hembra es aproximadamente un 10% más grande que el macho y sustancialmente más agresiva), sino que, además, los genitales externos de ambos son extremadamente similares.

«La hembra tiene un clítoris totalmente eréctil, tan elongado como el pene de un macho», explica Kay Holekamp, zoóloga de la Universidad del Estado de Michigan, en Estados Unidos, quien desde hace más de 25 años se dedica a estudiar el comportamiento de estos animales en estado salvaje.

«Además, los labios vaginales de la hembra se pliegan de manera tal que forman una estructura muy semejante al saco escrotal del macho», añade la investigadora.

En contraste con otros mamíferos – entre los que se incluyen las otras dos especies de hienas: la rayada (Hyaena hyaena) y la parda (Hyaena brunnea) – la hiena moteada hembra no tiene una apertura vaginal externa.

Cuando da a luz a sus primeros cachorros se rasga la cara posterior del pseudopene, dejando al descubierto una cicatriz en la piel, de color rosa.

Estas características, sumadas al hecho de que ambos son marcadamente monomórficos en cuanto a su apariencia, hicieron que incluso durante siglos se creyera que esta especie era hermafrodita.

«Errores de este tipo eran muy comunes hasta los años 80, cuando un científico encontró la manera de diferenciarlos basándose en la forma del extremo del pene: mientras que la punta del pseudopene de la hembra es más ‘desafilado’, la punta del pene del macho es más puntuda», explica Holekamp.

La confusión todavía es visible en algunos museos, cuenta la investigadora, donde todavía podemos ver en exhibición un ejemplar descrito como macho, cuando en realidad no lo es.


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