InicioNoticiasMundoUn libro revela que un ex empleado del Museo Británico robó más...

Un libro revela que un ex empleado del Museo Británico robó más de 300 grabados y los vendió

* La investigación recupera un episodio poco conocido que muestra el escaso control en una de las mayores colecciones de arte sobre papel del mundo

* Varios países piden al Museo Británico la devolución de objetos tras el escándalo de los robos

LONDRES, 06 de marzo de 2026.- Durante años, Nigel Peverett entró y salió del Museo Británico con la naturalidad de un visitante habitual. Caminaba por los pasillos, accedía a las salas de consulta y abandonaba el museo con bolsas que contenían grabados pertenecientes a una de las mayores colecciones de arte sobre papel del mundo. Cuando finalmente fue descubierto en 1992, las autoridades comprobaron que había sustraído más de trescientas obras.

El episodio, conocido en su momento pero apenas divulgado fuera de las paredes de la institución, ha sido reconstruido ahora con mayor detalle en un libro del periodista e historiador Barnaby Phillips. La obra, titulada ‘The African Kingdom of Gold: Britain and the Asante Treasure’ y publicada por la editorial Oneworld, aborda la historia del oro del antiguo reino africano de Asante y el destino de muchos objetos que terminaron en museos británicos. Durante su investigación, Phillips encontró referencias detalladas a los robos cometidos por Peverett, lo que le permitió reconstruir un caso que había permanecido prácticamente olvidado.

Peverett había trabajado décadas antes en el departamento de Grabados y Dibujos del museo. Aunque su empleo se remontaba a los años setenta, siguió visitando el lugar con regularidad después de abandonar su puesto. Según la reconstrucción que presenta Phillips, esa familiaridad con el funcionamiento interno del edificio le permitió moverse por sus instalaciones sin despertar sospechas.

Las piezas sustraídas procedían principalmente de las salas donde investigadores y especialistas podían consultar obras originales bajo supervisión. Se trataba en su mayoría de grabados antiguos, muchos de ellos datados a finales del siglo XVIII, y una vez fuera del museo, Peverett eliminaba cualquier rastro que pudiera vincular las obras con la institución. Para ello utilizaba cuchillas de afeitar con las que raspaba los números de catálogo impresos en los márgenes de los grabados o recortaba partes del papel para borrar esas referencias. Después vendía las piezas a intermediarios del mercado de antigüedades, algunos de los cuales operaban en el conocido mercado de Portobello Road, en el oeste de Londres.

Un comerciante citado por el diario ‘The Telegraph’ explicó que el antiguo empleado aseguraba que los grabados, que se vendían por entre diez y treinta libras por unidad, procedían de una colección privada. Ese mismo comerciante recordaba además que Peverett presumía de la facilidad con la que retiraba obras del museo y afirmaba que podía «entrar con una bolsa y salir con cuatro», porque «el lugar era un desastre».

La operación se prolongó durante años hasta que finalmente, en abril de 1992, Peverett fue interceptado cuando intentaba abandonar el museo con treinta y cinco grabados, cuyo valor aproximado se estimó entonces en unas cinco mil libras.

La detención dio lugar a una investigación policial que permitió determinar el alcance de los robos. Cuando los agentes registraron la vivienda de Peverett en Kent, encontraron 169 grabados adicionales almacenados en su casa, cuyo valor se estimó en cerca de treinta mil libras. Durante el interrogatorio, Peverett admitió haber sustraído otras 150 piezas que ya había vendido.

Las actas de una reunión de los patronos del museo, consultadas por Phillips en los archivos de la institución, reflejan la preocupación que generó el descubrimiento de los robos. En esos documentos se señala que «quedó claro que los robos de Peverett habían sido de gran escala y que habían tenido lugar durante un período considerable de tiempo», y se añadía que existía «cierta preocupación de que se hubieran sustraído muchas más obras que las aproximadamente 300 cuya desaparición había confesado».

El museo inició entonces un proceso para recuperar las piezas que todavía podían localizarse. En noviembre de 1992 se habían recuperado cincuenta y cinco grabados, aunque muchas otras piezas ya habían sido vendidas y su paradero resultaba desconocido.

Tras estos hechos, la institución introdujo nuevas medidas de seguridad, como la instalación de cámaras de circuito cerrado y la implantación de controles obligatorios para quienes entraban o salían del edificio, procedimientos que hasta entonces no existían de forma sistemática.

Peverett fue procesado por los hechos y condenado a una pena suspendida. Según el relato recogido por Phillips, el antiguo empleado sufrió posteriormente una crisis nerviosa, trató de quitarse la vida y permaneció seis semanas ingresado en un hospital psiquiátrico. Falleció en 2023.

En conversaciones con el autor del libro, miembros de su familia describieron a Peverett como una persona apasionada por el arte y la música clásica, aunque incapaz de gestionar sus finanzas personales. Lo definieron como «un hombre encantador pero irresponsable» y «un desastre con el dinero».

Un portavoz del museo señaló, por su parte, que «los robos serán siempre, lamentablemente, un riesgo para cualquier museo y por eso tomamos muy en serio la protección de la colección».


Descubre más desde Fernanda Tapia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Most Popular