WASHINGTON, 06 de enero de 2026.- En 1995, cuando Internet era apenas una curiosidad para la mayoría y el concepto de «citas online» sonaba a ciencia ficción, Gary Kremen tuvo la visión de digitalizar el amor lanzando Match.com
Para probar la eficacia de su algoritmo y aumentar la base de usuarios femeninos, que era crucial para el éxito de la plataforma, Kremen cometió el error táctico más irónico de la historia de Silicon Valley: le pidió a su propia novia que se registrara. Su intención era puramente técnica y empresarial; Quería entender la experiencia de usuario desde la perspectiva de una mujer y asegurarse de que el sistema funcione correctamente antes de lanzarlo al mercado masivo.
El algoritmo funcionó demasiado bien, pero no a favor de su creador. Su novia comenzó a navegar entre los perfiles y pronto hizo «match» con un hombre de San Francisco. La química digital fue tan fuerte que, poco después, ella dejó a Kremen por el hombre que había conocido en la plataforma que él mismo había construido.
Kremen se quedó soltero, perdiendo a su pareja a manos de su propia invención, pero validando dolorosamente su modelo de negocio. Aunque sufrió la pérdida personal, Match.com explotó en popularidad, transformando para siempre la industria de las relaciones humanas y convirtiéndose en un gigante millonario.
Kremen sacrificó su relación, pero a cambio, cambió la forma en que millones de personas se conocen hoy en día, llevándose la lección definitiva de que en el amor y en los negocios, a veces se gana perdiendo.
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