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Qué es la autofagia celular y por qué fue clave para el Nobel de Yoshinori Ohsumi

* Un proceso natural del cuerpo que renovó la comprensión sobre cómo funcionan las células.

* El mecanismo interno de limpieza que la ciencia investiga por su impacto en la salud.

TOKIO, 15 de julio de 2026.- A mediados de la década del noventa, el biólogo japonés Yoshinori Ohsumi comenzó a estudiar un fenómeno que transformó por completo la comprensión del funcionamiento celular: la autofagia.

Utilizando levaduras de pan como modelo, descubrió que las células poseen un mecanismo interno de limpieza y reciclaje que les permite sobrevivir incluso en condiciones extremas.

Lejos de ser un proceso extraño o peligroso, la autofagia es una función vital que mantiene el equilibrio del organismo. Consiste, en términos simples, en que las propias células «se comen» sus partes dañadas o innecesarias para obtener energía y regenerarse.

Este proceso se activa en situaciones como el ayuno, el estrés o el ejercicio físico y es esencial para evitar el deterioro celular y prevenir diversas enfermedades.

El hallazgo de Ohsumi permitió entender por qué el cuerpo tiene la capacidad de renovarse desde adentro y cómo este proceso puede fallar con la edad o los malos hábitos. Sus experimentos en laboratorio lograron identificar los genes y mecanismos que controlan la autofagia, demostrando que el mismo sistema existe tanto en los hongos como en las células humanas.

El trabajo fue tan revelador que en 2016 el científico recibió el Premio Nobel de Medicina por sus aportes a la biología celular. Desde entonces, el concepto de autofagia se asocia con prácticas saludables como el ayuno intermitente, que busca estimular este mecanismo natural de regeneración y limpieza.

Según explicó el propio Yoshinori Ohsumi, la autofagia es la manera que tiene el organismo de deshacerse de sus «residuos internos». Cuando el cuerpo no recibe alimento durante un tiempo, empieza a nutrirse de las células dañadas o envejecidas, permitiendo que se generen otras nuevas. Este equilibrio constante entre destrucción y renovación es lo que mantiene la vitalidad de los tejidos y la eficiencia del metabolismo.

Los especialistas destacan que la activación de la autofagia contribuye a retrasar el envejecimiento y a reducir el riesgo de enfermedades metabólicas o neurodegenerativas. Sin embargo, advierten que su funcionamiento depende del estilo de vida: una alimentación excesiva o el sedentarismo pueden bloquearla.

El proceso también está vinculado con la respuesta del cuerpo ante el estrés. Durante momentos de exigencia física o mental, las células activan este mecanismo como una forma de adaptación y defensa. Por eso, el ejercicio moderado o los periodos cortos de ayuno ayudan a potenciarla de forma natural.

En palabras del propio Ohsumi, «el cuerpo necesita comida, pero también descanso». Esa pausa es la que permite que la maquinaria interna se reinicie y elimine los desechos que el organismo acumula día tras día. La autofagia, entonces, no es una moda ni una técnica pasajera, sino una herramienta biológica que la ciencia sigue investigando para comprender cómo prolongar la salud y la vida.

En síntesis, el fenómeno de la autofagia abre una nueva perspectiva sobre cómo el cuerpo humano puede protegerse, repararse y mantenerse saludable. Comprender sus mecanismos no solo ayuda a prevenir enfermedades crónicas, sino que también invita a repensar nuestros hábitos diarios y la relación que tenemos con el ayuno, el descanso y la alimentación consciente.


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