* Un estudio en escuelas de la Ciudad de México muestra cómo los menores internalizan jerarquías sociales a través de los estereotipos sobre las lenguas y sus hablantes.
MÉXICO, 13 de enero de 2026.- En los pasillos y aulas de una escuela primaria pública de la Ciudad de México, un ejercicio con fotografías dejó al descubierto un mapa mental de prejuicios. Odette Hernández Cruz, investigadora de El Colegio de México, pidió a un grupo de niños que eligieran imágenes de menores asociados a diferentes idiomas. Sus elecciones y razones mostraron un patrón sistemático de valoración.
El fenómeno se manifiesta a través de asociaciones instantáneas que los niños realizan. Vinculan de manera automática características físicas, vestimenta y contextos con lenguas específicas y les asignan un valor social. Un niño con rasgos vinculados a comunidades originarias y ropa tradicional es inmediatamente clasificado como hablante de una «lengua indígena». Esta categorización suele venir acompañada de descripciones que lo ubican en entornos rurales o con menos recursos económicos.
Los mecanismos que permiten esta dinámica son aprendidos en los espacios de socialización. La familia y la escuela funcionan como nichos donde circulan discursos hegemónicos. Los niños absorben y reproducen ideologías lingüísticas que presentan algunas lenguas, como el inglés, ligadas al éxito, lo urbano y un mayor prestigio. En contraste, las lenguas originarias son conectadas con lo tradicional, lo rural y oficios artesanales.
El contexto del problema es una sociedad con diversidad etnolingüística pero marcada por una historia de desigualdad. En el estudio participaron niños con legado de lenguas como el triqui, mazateco o náhuatl, y niños sin ese legado familiar. Sus interacciones ocurren en un entorno donde coexisten hasta doce lenguas originarias, pero también donde operan jerarquías sociales bien establecidas.
Una consecuencia directa es la naturalización de la discriminación. Las actitudes lingüísticas basadas en estereotipos justifican el rechazo, el escarnio o la segregación entre compañeros. Un niño puede señalar que no se parece a otro por el tono de piel o la vestimenta, trazando una línea invisible de pertenencia. Esto debilita la transmisión de las lenguas originarias, pues los propios niños pueden internalizar que su lengua tiene menos valor.
La investigación empleó la fototenografía, un método que usa imágenes para elicitar percepciones. Este acercamiento permitió observar cómo las valoraciones no son pensamientos abstractos, sino que se anclan en elementos visuales concretos. El trabajo tiene un alcance exploratorio y se centra en un caso específico, por lo que sus hallazgos ilustran dinámicas que requieren ser estudiadas en otros contextos.
¿Crees que la escuela debería priorizar la enseñanza de idiomas globales para abrir oportunidades futuras, o su función principal es fortalecer y valorar las lenguas originarias de su comunidad para combatir la discriminación desde la infancia?
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