* A diferencia de los perros, los gatos no ven a los humanos como líderes dominantes, sino como iguales socialmente
WASHINGTON, 14 de septiembre de 2026.- Los gatos domésticos pueden parecer distantes, esquivos, independientes y poco cariñosos. Sin embargo, quien comparte tiempo y espacio con ellos puede poner en duda todos estos adjetivos y reconocer en sus felinos gestos de cercanía, de compañía y amor y, sobre todo, de pertenencia a un mismo grupo. Esto es porque, a diferencia de los perros, los gatos no han sido domesticados para considerarnos como líderes superiores, sino que consideran a sus humanos como iguales socialmente.
Esta es una de las ideas que defiende el experto antrozoólogo John Bradshaw, que estudió el comportamiento felino y escribió el libro Cat Sense: How the New Feline Science Can Make You a Better Friend to Your Pet (El sentido felino: cómo la nueva ciencia sobre los gatos puede convertirte en un mejor compañero de tu mascota). Aquí trata de arrojar luz sobre el comportamiento de los felinos cuando estos comparten la vida con un humano, cuando están domesticados y se convierten en las mascotas que nos acompañan en el día a día.
Una de las principales ideas de este autor e investigador tienen que ver con el hecho de que los gatos no fueron domesticados de la misma forma que los perros. De hecho, los perros domésticos modificaron de gran manera su comportamiento para relacionarse con los humanos, mientras que los gatos interactúan con los humanos manteniendo el mismo comportamiento social que usarían para relacionarse con otros gatos.
De esta idea se extrae el hecho de que los felinos que conviven con humanos no colocan a sus dueños en una categoría social distinta, es decir, no los consideran líderes sociales y tampoco están por debajo. Simplemente, nuestros gatos nos tratan como a iguales. En cambio, los perros sí que colocan, por lo general, a sus dueños por encima en la escala social.
Esta característica de su comportamiento hace que los gatos puedan parecer distantes o, incluso, desafiantes, con una aparente indiferencia hacia los humanos, que no es otra cosa que la forma que tienen de relacionarse, con un marco exclusivamente felino.
Si has tenido la suerte de convivir con un gato, habrás podido observar comportamientos repetidos, como puede ser el hecho de amasar objetos, levantar la cola a modo de saludo, frotarse con tus piernas, hacer juegos de caza o lamerte el pelo. Esto no se corresponde específicamente con gestos de cariño, sino que se trata de comportamientos intrínsecos a los felinos, que tratan a los humanos como si fueran otros gatos, como tratarían a sus parientes cercanos o a miembros de su misma camada.
En una entrevista para National Geographic, Bradshaw dijo: «Todavía no hemos descubierto nada en el comportamiento de los gatos que sugiera que nos coloquen en una categoría distinta cuando interactúan socialmente con nosotros. Obviamente saben que somos más grandes que ellos, pero no parecen haber adaptado mucho su comportamiento social».
«Sí que piensan que somos torpes: no muchos gatos tropiezan con la gente, pero nosotros tropezamos con otros gatos».
Debido a nuestro tamaño y dado que los gatos nos tratan como iguales, lo cierto es que se podría decir que nos consideran como gatos grandes y torpes: «Sí que piensan que somos torpes: no muchos gatos tropiezan con la gente, pero nosotros tropezamos con otros gatos», asegura el autor en la misma entrevista. Eso sí, matiza: «No creo que nos consideren tontos o estúpidos, ya que los gatos no se frotan contra otro gato que consideran inferior».
De este modo, el comportamiento de un gato puede parecer a veces complicado, ya que no parece seguir y cumplir las órdenes o las reglas del hogar, por lo que, reconocer este tipo de mentalidad reconvierte la relación entre gatos y humanos en un acompañamiento entre iguales: tú has adoptado a tu gato y le has metido en tu casa, pero tu gato, silenciosamente, cree que es él quien acompaña y atiende a un miembro familiar adoptado, grande y torpe.
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