InicioNoticiasEstos monos capuchinos están secuestrando crías de otra especie

Estos monos capuchinos están secuestrando crías de otra especie

* En una isla tropical, jóvenes capuchinos están protagonizando una conducta sin precedentes. No lo hacen por alimento ni por poder: el motivo podría ser mucho más perturbador… y humano.

PANAMÁ, 07 de mayo de 2026.- En el corazón del Parque Nacional Coiba, al oeste del Pacífico panameño, se ha gestado un fenómeno inesperado y profundamente desconcertante. En la apartada isla de Jicarón, un grupo de jóvenes monos capuchinos de cara blanca (Cebus capucinus imitator) ha comenzado a secuestrar crías de otra especie, los monos aulladores panameños (Alouatta palliata coibensis).

No es un hecho aislado: en tan solo 15 meses, once crías han sido raptadas por cinco individuos de un mismo grupo. Ninguna de estas acciones parecía tener un beneficio tangible para los capuchinos. Algunas crías murieron a los pocos días, llevadas en brazos hasta después de su muerte.

«Estamos siendo testigos de la aparición de una tradición cultural sin función aparente en un grupo salvaje de primates», explica la investigadora del Instituto Max Planck, Andrea V. Estrada, coautora del estudio. «Lo más sorprendente es que esta conducta no parece ofrecer ventajas evolutivas claras. Es como si lo hicieran… porque sí».

Este comportamiento insólito – que los propios autores del artículo publicado en Current Biology describen como una «tradición de secuestro interespecie» – comenzó con un solo macho subadulto.

Captado por las cámaras en enero de 2022, cargaba a una cría de mono aullador que no era suya. Pronto, otros cuatro machos jóvenes imitaron su comportamiento. Todos los portadores eran individuos inmaduros y, curiosamente, todos formaban parte del mismo grupo de capuchinos que ha desarrollado otra tradición cultural única: el uso de herramientas líticas.

Los investigadores instalaron más de 130 cámaras trampa en el territorio de este grupo, registrando un total de 131 avistamientos. Según los autores, esta documentación exhaustiva ha permitido seguir con precisión el nacimiento y la propagación del comportamiento, un proceso que recuerda inquietantemente a la difusión de modas juveniles humanas.

El fenómeno no puede explicarse como una forma de adopción, ya que las crías eran activamente impedidas de escapar y en muchos casos se escuchaban los llantos de sus madres aulladoras intentando localizarlas. «Observamos cómo, durante al menos media hora, las madres perdidas llamaban a sus crías desde los árboles, sin éxito. El secuestro era claro», afirman los autores del estudio. En un caso documentado en vídeo, un capuchino incluso amenaza a una madre aulladora que intentaba recuperar a su cría.

Algunos jóvenes capuchinos llegaron a transportar a las crías durante varios días, incluso después de que estas hubieran muerto. En cuatro casos, las crías murieron aparentemente por inanición, sin señales de depredación o heridas. No hubo interacción social significativa entre el portador y el resto del grupo. De hecho, en varios casos se observó cómo otros capuchinos adultos se mostraban agresivos hacia los portadores.

La investigación apunta a una explicación inquietante: lo que estos jóvenes capuchinos están haciendo se asemeja más a una moda cultural que a un acto con motivación biológica. «El comportamiento de los primeros portadores era más bien prosocial: no hubo agresión, sí cuidado. Pero los siguientes lo hacían mientras manipulaban herramientas, ignoraban o incluso maltrataban a las crías. Era una especie de símbolo, quizás de estatus, o simplemente un pasatiempo compartido», se lee en el estudio.

Este fenómeno guarda una sorprendente semejanza con ciertas conductas humanas: «Las tradiciones culturales sin una función clara son extremadamente comunes entre los humanos, y a menudo surgen de nuestra necesidad de aprender socialmente.»

En este caso, los jóvenes capuchinos, sin adultos supervisando, con acceso a tiempo libre y estímulos reducidos por la baja diversidad de especies de la isla, pueden haber iniciado un ciclo de comportamientos emergentes… sin utilidad aparente. Como afirma el antropólogo Joseph Henrich, citado en el estudio, «la necesidad no siempre es la madre de la invención, especialmente en islas donde abunda tanto la necesidad como el tiempo libre».

Este inquietante caso no es solo una rareza etológica: puede tener consecuencias reales. El mono aullador panameño es una subespecie amenazada, y si este comportamiento se consolida en la cultura del grupo capuchino, podría afectar gravemente a su conservación. Los investigadores alertan sobre la necesidad de prestar más atención a cómo los comportamientos culturales en animales no humanos pueden afectar la ecología compartida.

Así, entre el follaje tropical de Jicarón, se desarrolla una historia que parece salida de una novela de iniciación o de una crónica juvenil de violencia inexplicable. Un grupo de jóvenes, tiempo libre, y un mundo sin demasiadas reglas. Pero aquí no hay humanos: hay monos. Y sin embargo, su historia nos resulta inquietantemente familiar.


Descubre más desde Fernanda Tapia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Most Popular