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Este bonobo desafía todo lo que creíamos saber sobre la inteligencia animal

* ¿Es posible que los bonobos tengan más imaginación de la que creíamos? Un curioso experimento al más puro estilo «fiesta de té infantil» desafía lo que creíamos saber sobre la mente animal.

* Un reciente hallazgo realizado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins podría transformar todo nuestro concepto sobre la frontera que nos separa de otros primates.

WASHINGTON, 30 de junio de 2026.- Durante años, se pensó que la capacidad de imaginar y participar en juegos de ficción era exclusivamente humana. Pero unos experimentos cuidadosamente diseñados han demostrado algo sorprendente: algunos simios, como los bonobos, pueden usar la imaginación y participar en juegos de roles. Los resultados de este trabajo desafían las creencias establecidas sobre la inteligencia animal y sugieren que ciertas especies poseen una flexibilidad mental mucho mayor de lo que se admitía.

En esta investigación, realizada en Estados Unidos, un bonobo interactuó con zumo invisible y uvas imaginarias de manera consistente y repetida. Según los científicos, comprender objetos ficticios está dentro de las capacidades cognitivas de, al menos, un simio altamente acostumbrado a convivir con humanos. Lo más intrigante es que proponen que esta habilidad mental podría tener raíces evolutivas profundas, quizás de hace entre 6 y 9 millones de años, remontándose al ancestro común entre humanos y los grandes simios actuales.

El protagonista del estudio es Kanzi, un bonobo residente en Ape Initiative (una conocida institución estadounidense dedicada a la investigación de grandes simios). Kanzi ya era una «estrella» por mostrar conductas de juego de ficción y por su habilidad para responder a preguntas habladas señalando objetos.

En cada experimento, Kanzi se sentaba frente a una mesa, al otro lado de la cual estaba un investigador. Sobre la mesa había objetos cotidianos como tazas vacías, jarras, cuencos y tarros, todo dispuesto para simular una invitación a una pequeña fiesta social (llueva o truene, la invitación sigue en pie).

El primer experimento utilizó dos tazas transparentes y una jarra vacía. El investigador fingía verter zumo en ambas tazas, después simulaba vaciar una de ellas y agitaba la taza para mostrar que estaba «vacía».

La mayoría de las veces, Kanzi señalaba la taza que, en teoría, aún debía contener el zumo imaginario. Incluso cuando cambiaban el orden de las tazas, Kanzi mantenía el seguimiento al líquido ficticio correctamente.

Para descartar la posibilidad de que Kanzi creyera que había zumo real escondido, los investigadores realizaron otra prueba: una taza tenía zumo de verdad y la otra, solo de mentira. Cuando se le preguntaba cuál quería, el bonobo casi siempre elegía la que contenía el zumo real (vaya, es un sibarita).

El tercer experimento aplicó el mismo principio, pero esta vez con uvas. El investigador simulaba comer una uva de un recipiente vacío y después colocaba «la fruta invisible» en uno de dos tarros. Tras fingir vaciar uno de los tarros, preguntaban a Kanzi dónde estaba la uva. De nuevo, señalaba correctamente el tarro con el objeto imaginario.

Según Bastos, otro autor del estudio, los resultados son tanto sorprendentes como emocionantes. Los datos sugieren que los simios pueden representar mentalmente objetos que no están presentes y, además, son capaces de reconocer que dichos objetos solo existen en el reino de la imaginación.

Christopher Krupenye, coautor del estudio y profesor en el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de Johns Hopkins, explicó la relevancia de este avance: Para él, lo más llamativo es que «la vida mental de un simio puede ir mucho más allá del momento presente».

Durante décadas, la imaginación ha sido considerada una característica exclusivamente humana. Si los simios también pueden imaginar objetos ausentes, los expertos tendrán que reconsiderar el límite real entre la mente humana y la animal.

Este descubrimiento recuerda a otro hito científico: cuando Jane Goodall reveló que los chimpancés fabrican y utilizan herramientas, redefiniendo el concepto de humanidad. Esta nueva investigación podría generar una revisión similar sobre la profundidad y la complejidad del mundo interior de los animales.

Hasta los bebés humanos más pequeños dan pistas de que entienden acciones ficticias. Por ejemplo, bebés de tan solo 15 meses a menudo se sorprenden cuando alguien finge verter de una taza vacía y después actúa como si estuviera bebiendo.

Aunque durante años hubo observaciones anecdóticas sobre comportamientos similares en animales, lo cierto es que ahora se cuenta con experimentos más estructurados. En libertad, se han visto jóvenes chimpancés hembra llevando palos como si fueran bebés. En cautividad, incluso se ha observado a un chimpancé arrastrando «bloques invisibles» tras jugar con bloques de madera reales.

Los investigadores creen que estos hallazgos abren la puerta a muchas nuevas preguntas. En el futuro, podrían investigar si otros simios, o incluso otras especies, son capaces de seguir el rastro de objetos imaginarios o participar en escenarios de ficción.

Si la imaginación realmente tiene raíces evolutivas compartidas con los simios, se desafía por completo la creencia de que los animales viven únicamente en el presente. Por el contrario, sus mundos internos podrían ser mucho más ricos y complejos de lo que jamás hayamos supuesto.

¿Quién iba a pensar que una simple fiesta de té con zumo invisible podría darnos una nueva visión sobre la mente animal?


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