Había una vez una Niña que No sabía que era Gorda

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Había una vez una niña que no sabía que era gorda hasta que cuando tenía como 7 u 8 años sus compañeros de la escuela, comenzaron a molestarla por eso.

Cuando tenía 9 años aproximadamente un médico le ofreció a su mamá meterla en dieta (ella no entendía porque ese doctor quería atenderla, ella no estaba enferma… su mamá era quien iba a consulta). Su mamá muy sabia le pregunto a su hija si quería y respeto su no.

Cuando tenía 10 sus dos mejores amigas del colegio le dijeron que tenia que bajar de peso por salud. Le insistieron tanto que La Niña prefirió pasarla sola en los recreos y no tenerlas de amigas.

A los 11 su abuela le pago un tratamiento de herbalife por un mes con tal que bajará de peso.

A los 12 estando en la secundaria, le encantaba amarrarse el suéter a la cintura para no estarlo cargando, la monja que era la prefecta, un día la detuvo y le dijo que se quitara ese suéter en la cintura.. que quizás si estuviera flaca no se le vería tan mal, pero que como estaba gorda se veía fatal.

A los 14 cuando se enamoró por primera vez, el patán del que se enamoró le dijo que cómo pensaba que el podía enamorarse de alguien como ella.

A los 15 comenzó a vestir “ropa de hombre” por qué la de “mujer no le quedaba”. Eso bastó para que además ahora fuera marimacha.

Para sus fotos de 15 años no sonrío por que ella pensaba que se le marcaban más los cachetes con la sonrisa.

A los 19 conoció a un hombre 10 años mayor que ella. Ella se “enamoró” en seguida y duro 5 años aguantando que el la negara, la alejara de su familia, la explotara trabajando, en fin…. mucho maltrato psicológico y económico que permitió porque pensaba que nadie se fijaría en ella por gorda.

A los 22 conoció a otro hombre que le pregunto porque no se “arreglaba” y ella le contesto: “porque no se me ve bien la ropa de mujer y no me sé maquillar”. El le dijo que porque pensaba eso, que el cuerpo se cambiaba con dieta y ejercicio.

Ella ya en ese entonces había probado varías dietas. El la acompañó y asesoró en el proceso y ella bajo 15 kilos, mismos que subió de nuevo 2 años después más algunos kilos más. Realmente había bajado tanto de peso, si por la dieta, pero más por una depresión y ansiedad tremenda que se originó en la relación de maltrato que acababa de terminar.

A los 23 años más o menos dejo de usar colores… por qué el negro “adelgazaba”.

Después de eso comenzó una relación con otra persona con la que se casaría 7 años después, ella quería usar vestido de novia y bajo 10 kilos de nuevo… mismos que subió pocos meses después.

En ese entonces comenzó a conocer y leer sobre gordofobia y a trabajar sobre ella y trató de visibilizar su corporalidad y la de otras como ella.

Después de algunos años de casada, se deprimió de nuevo, en ese entonces le hicieron una serie de fotos para un libro que iba a publicar,le encantó como la maquillaron y acomodaran su cabello. Saliendo de la sesión de fotos se encontró a un amigo que le dijo que por qué se había pintado de payaso, cuando le mostraron las fotos en donde su esposo se veía muy guapo y la otra coautora también, se sintió tan mal del “maquillaje de payaso y el cuerpo que se le veía, que odio las imágenes.

La publicación de ese libro la hicieron comenzar a buscar algún método para bajar de peso. Lo encontró: dieta cetogénica, comer 900 calorías diarias.

3 meses y algunos miles de pesos después había bajado 40 kilos.

Ahora no se atrevía a hablar de gordofobia, se imaginaba que las compañeras le dirían “tu que hablas de esto, no sabes lo que se siente”. Aunque realmente seguía sin entrar en el estereotipo del cuerpo delgado.

Por primera vez se dio la oportunidad de usar un vestido floreado, otro color naranja, uno más rallado blanco con negro, después de todo ese cuerpo con 40 kilos menos los podría lucir.

2 años duraron las dietas cetogénicas, las felicitaciones por haber bajado de peso, el “no te reconocí” de muchas personas, el asedio de muchos hombres que ahora la consideraban “bella”, el sentirse segura para poder hablar en un público y no sentirse juzgada por el cuerpo. Pero también A la par se presentó un ataque de pánico que hizo que desarrollara principios de agorafobia y bajara 8 kilos en dos semanas. Después de muchos estudios en los que salió bien (como siempre) le diagnosticaron Trastorno de Ansiedad que por fin explicó años de sentir malestares físicos que los médicos atribuían a la gordura.

A finales del 1 año de llevar dieta cetogénica comenzó la batalla por mantenerse en los 83 kilos, poco a poco fue ganando el peso que había perdido y la sensación de fracaso y vergüenza comenzó a hacerse presente.

Para enero de 2020, el viaje que era para festejar sus 40 años no lo disfruto tanto por que la ropa comenzaba a no quedarle de nuevo.

Para febrero de 2020 aún el cuerpo que tenia a pesar de haber subido le seguía permitiendo usar varias prendas, pero otras fueron relegadas a bolsas, a la espera de “bajar de nuevo”.

Antes de que comenzara la pandemia ya le daba vergüenza y se sentía una fracasada por el peso recuperado, comenzó a aislarse para que no la viera nadie y así evitar criticas.

En marzo con la aparición de la pandemia, la ansiedad se intensificó un poco más y comenzó a subir de peso, ganando todos los kilos que había perdido.
Pero algo diferente había pasado, en este momento, el feminismo ya estaba muy presente en su vida. Y un texto clave:
10 gritos contra la gordofobia llegó a su vida y la hizo reconciliarse con su cuerpo gordo, el cuerpo que ha habitado toda su vida, se reconcilió también con los colores y compró ropa de color que a su cuerpo le fuera cómoda en este momento. Flores muchas flores y vestidos, hasta incluso un vestido de bolas que siempre había querido pero que nunca se había atrevido.

Se prometió no dejar de hacer cosas o vestir ropa por que la sociedad y los medios y el sistema le dice que no es adecuado para su corporalidad gorda. Comenzó a hacer activismo Gordo de nuevo, a confiar en lo que sabe y que es por lo que sabe que las personas escuchan, más no por su corporalidad (aunque con esto no está tan segura aún)

Y se prometió sonreír en las fotos. Sus cachetes están y seguirán ahí siempre.

Se prometió también Disfrutar de la comida, no contarla y con eso no generarle a su cuerpo más ansiedad, comenzar a hacerle caso a su cuerpo cuando tiene hambre, el cual por cierto quedó muy traumado con los horarios de comida estrictos de la dieta cetogénica al grado que ahora le dan dolores de cabeza si no come, su cuerpo recuerda que fue sometido a una anorexia y no quiere morir.

Ahora con sus 116 kilos de nuevo sigue trabajándose para poder habitar su cuerpo en paz, armonía y de una forma saludable, lo cual no tiene que ver con perder peso en realidad.

Esta es mi historia, ahora que volvamos a nuestras dinámicas habituales recuerda mi historia…

No quiero ser hermosa, no quiero que me alaben por bajar de peso o me rechacen por subirlo, simplemente quiero ser yo y quiero permitirme lo que por casi toda mi vida no me he atrevido a usar, hacer y amar por que me lo prohibieron por GORDA

Quiero vivir con el cuerpo que habito, no solo sobrevivirlo.

Gabriela Merlos “Krystal de Sade”