18 de los 32 estados de la República Mexicana avalan legalmente el matrimonio de personas del mismo sexo, siempre he tenido la firme convicción de que uno puede o no aceptar a la llamada “comunidad diversa” (LGBTTTIAQ), también es su derecho estimado lector, no estar de acuerdo en que dos hombres legalicen su unión, pero su derecho termina cuando comienzan los derechos de esos dos hombres que la ley los protege para unirse por la ley.

Expresar libremente el afecto que sentimos por los otros debería ser una mínima garantía que debiéramos tener todas y todos. Sin embargo, hoy 17 de mayo día internacional contra la homofobia, la realidad es distinta.

Desde ese lugar donde se guardan los recuerdos más lejanos, traigo a mi memoria mis años de preescolar, ahí ya me sabía diferente. En los primeros años de la educación básica recibí los primeros insultos, las primeras burlas y también los primeros regaños por ser amanerado, por correr “como niña”, por no saber patear un balón.

Cuando llegué a la secundaria conocí cómo se siente en la piel la discriminación, mi brillante desempeño como alumno se veía opacado por mi orientación sexual, las burlas de mis compañeros en clases de educación física subieron de tono, comenzaron también los comentarios ofensivos con carga sexual. Era evidente que en casa sabían de mi orientación, sin embargo, como en muchos casos pasa, mis padres no nos hablaron de una Educación Integral de la Sexualidad que nos empoderara, que nos hiciera sentir más seguros y que nos informara; señores la información es PODER, por ignorancia, por miedo o más seguramente, porque no sabían cómo hacer algo que con ellos tampoco hicieron sus padres, fue entonces que cada uno de mis hermanos y yo iba defendiéndose con lo que en la maleta llevábamos.

Fue hace tanto tiempo que le presente a mi madre al primer novio, si señoras y señores, los homosexuales también hacemos esos trámites, también nos enamoramos y también, nos rompen el corazón, la comunidad LGBTTTIAQ también necesitamos de esos abrazos de mamá que se dan para sanar una decepción amorosa.

Tampoco recuerdo cuando fue que se me quito la vergüenza de hablar de homosexualidad, tal vez fue cuando descubrí que para ser felices no hay manuales, ni recetas de cocina, es más tampoco hay instructivos, y si los hubiera estos no se encuentran en la biblia.

Tengo 7 años trabajando temas de sexualidad, no sé cuándo dejó de importarme lo que los otros piensen de mí, más aún de mi orientación sexual, porque tengo la firme convicción que esta no define quien soy, pues también soy hijo, hermano, soy tío y amigo, soy profesor y soy compañero, soy gay y soy mexicano, soy sexólogo y soy persona.

Ha pasado mucha historia desde que tuve mi primer novio, hace tanto que escribí mi primera carta de amor, aún me gusta recibir flores (las últimas me llegaron este 15 de mayo por el día del maestro). Hoy puedo compartirles que me siento pleno en decir quién soy, en mirarme al espejo y decir y gritar y estar orgulloso de: Ser diferente.

 Para despedirnos vamos a responden una de las preguntas que nos llegaron:

Ya no me llama la atención tener relaciones con mi esposo, a veces lo hago por obligación o por miedo a que, si yo no lo hago, lo hará con otra, ya que me ha puesto cuernos en el pasado. Se me hace repetitivo y sin chiste, todo se trata de que el acabe. ¿qué me pasa? Ayuda por favor.

Estimada lectora, primero agradezco nos escribas y quisiera analizar tu pregunta para poder ir dando respuestas:

En primera ni tú, ni yo, ni nadie debe nunca sentirse obligado a estar con alguien con quien no se desea estar (aplica también para el esposo, como es tu caso). Menos si tu preocupación es que no esté con alguien más. Pues el mantener contacto sexual con tu pareja no es sinónimo de que no tendrá contacto sexual con otras personas.

Ahora si para ti el sexo es repetitivo y de lo que se trata es de que el disfrute, te invito a platicarlo con él, si tu deseo es permanecer con él, busquen ayuda profesional, en terapia de pareja se abren estos espacios que pueden ayudarte a expresar libremente esta percepción rutinaria que tienes, además te permitirá trabajar el asunto de la infidelidad.

El acto sexual debiera ser ese espacio de entrega total, es un acto de intimidad y complicidad, su finalidad es el pleno disfrute de ambas partes, sin embargo, por esta carga machista que tenemos, pensamos que el único que puede disfrutar es el hombre y este piensa que es buen amanta solo por meter y sacar, ¡basta! Si no cogen bien hagámoselos saber.

No se olviden de escribirnos sus preguntas, acá tratamos de escucharles y acompañarles.