Foto: Ig @positivacreativa


En estos últimos días, es inevitable recordar el dolor por el que miles de familias han pasado, deberíamos sentir solidaridad, sin duda, pero también por cada mujer desaparecida, por cada viejo abandonado, por cada niño que limpia autos en los semáforos.

En mis clases de psicología alguna vez escuché que el dolor no se podía medir, no duele más un raspón de rodilla que una caries mal tratada, también sucede con las pérdidas amorosas, no importa si fueron seis años, cuatro o dos, el tiempo puede ser lo de menos cuando nos vinculamos sin medida.

Y hacerlo así, lejos de mostrar el “amor” que sentimos por el otro o la otra, mostramos justo lo contrario. Pensemos un poco en las siguientes frases:

-El que ama de manera desbordada siempre es el que ama más
-En una relación aquel que se entrega sin medida ama sinceramente
-En el amor hay que dar sin esperar nada a cambio
-El verdadero amor es desinteresado

Y la lista puede seguir de manera casi interminable si vamos sumando las que ustedes amables lectores añadan, no es culpa nuestra pensar de esta manera, así lo aprendimos, así nos lo enseñaron, quizá, así, sin medida, amaron también nuestros padres y de ellos lo aprendimos; lo que si es nuestra responsabilidad, es velar por nosotros mismos a la hora de vincularnos afectivamente, en otras palabras, administrar la dosis de amor que vamos cediendo en nuestra relación (aplica también para las relaciones con los padres, los hermanos, las suegras y hasta los jefes).

Pues algo es inevitable, cuando la relación termine, se enfríe, se fracture, se distancie, etc., lo que sintamos será sólo nuestro, el dolor que provocan las rupturas cada quien lo carga a su manera, a como puede, como sabe y con lo que le alcanza.

No se vale, no para ti, que culpes al otro de no ser como quieres que sea, como quieres que hable o hasta como quieres que actúe, no deposites en los otros tus expectativas no cumplidas, tus sueños de amores románticos tóxicos no cumplidos, el otro no es cruel por alejarse de alguien a quien ya dejo de amar, no es culpa del otro que el amor que sentía por ti ya no esté, tampoco es responsabilidad del otro cargar con tu dolor, seguro el lleva a cuesta el propio. Seamos honestos, nadie va por la vida eligiendo romper corazones.

Repite después de mi:

Primero yo me hago cargo de mis vacíos emocionales.
Primero yo me responsabilizo de mis aciertos y equivocaciones en la relación.
Primero yo me fijo que aporto antes de pedir del otro lo que no doy yo.
Primero yo acepto y perdono mis errores antes de señalar errores ajenos.
Primero yo acepto, amo y cuido mi cuerpo antes de dejar que alguien opine sobre él.
Primero yo me pregunto cómo se amar, quién me enseño y me replanteo si amar como lo hago me hace bien o me está lastimando.
Primero yo me cuido para poder después cuidar a los demás.
Primero yo me amo para después amar a los demás.
Primero yo me abrazo para después abrazar a los demás.

Para amar, siempre… ¡Primero yo!