En estos días de guardarse, de no comer carne (roja), de reflexionar las enseñanzas del maestro o simplemente salir a lucir las carnes, palabras como “resurrección” “perdón” “pecados” “salvación” y etcétera, las escuchamos casí en todos lados, cuando salimos al mercado, cuando prendemos el televisor, incluso cuando viajamos en el transporte, las escuchamos de día o de noche por la tarde y después del desayuno, siempre (casi) a modo de regaño, de reclamo o de amenaza, que signifiquen esas son cosas distintas.

Quizá de lo que menos escuchamos es de las relaciones sexuales, el cachondeo, caricias ricas, coger, pues, y esto esta ligado a las palabras que arriba cité, la religión (cualquiera que usted practique) nos ha mal-enseñado a ocultar el placer, a resucitar nuestra castidad y a obligarnos a prohibirnos el disfrutar también de nuestro cuerpo. Si no lo hacemos pecamos ante los ojos de Dios (cualquiera en el que usted crea) y al pecar no alcanzaremos la tan anhelada salvación.

Pensemos en la cantidad de veces que en misa el sacerdote/pastor(o quien sea a quien usted escuche), nos invita a disfrutar-nos y disfrutar a nuestra pareja, en los sermones que debemos escuchar para después darnos recomendaciones de cómo descubrir zonas erógenas en nuestra pareja, cuantas veces el padre fomenta entre sus feligreses el amor erótico hacia las personas sin importar lo que traigan entre las piernas, cuantas han sido las ocasiones en las que el autocuidado en los días de menstruación son temas importantes a tratar antes del saludo de paz. Lo sé, ninguna, jamás NO EXISTE.

Y es que considero en gran medida a la IGLESIA, como una de las grandes matrices de la educación en nuestro país, por ello es también una de las grandes responsables de la inhibición de nuestro placer y el disfrute de nuestra sexualidad, o lo nulo de ambos en nuestra vida, pues a través de los años la Iglesia nos ha vendido al sexo como algo sucio, algo que debemos ocultar y algo que es imposible tratar en la sobremesa, serían los mal-lideres de la Iglesia quienes deberían voltear a vernos a los ojos y ofrecer disculpas por los siglos de discursos llenos de odio, homofobia, misoginia, si Lilith cuando se rebeló fue borrada de la historia en las santas escrituras un castigo pero me espero yo al blasfemar de esta manera, pero que se escuche fuerte y claro: no más prohibiciones, no mas discursos de odio, que dividen que segregan que matan, no más expresiones responsabilizando a los niños de la pedofilia, no mas comunicados que impidan decidir a las mujeres sobre su propio cuerpo, y entonces si yo y muchos gritaremos: ¡Perdón a la Iglesia!

 

Hoy no, hoy no hay respuestas, nos leemos el siguiente viernes de #Sexualízate.