La menstruación sigue siendo uno de los temas menos hablado en casa, sigue habiendo muchas jovencitas a las que cuando les llega no están preparadas o desconocen incluso lo que les está pasando. Los casos en los que, si se habla de la menstruación, se sigue haciendo desde una cultura culpígena, de vergüenza e incluso de menosprecio.

En la antigüedad muchas son las historias que envuelven a este proceso natural que ocurre a las mujeres cada 28 días (más o menos), mitos casi siempre que perjudican o menosprecian a las mujeres, relatos falaces que van desde lo más absurdo, como el creer que, si una mujer hornea pasteles en Italia durante su menstruación, estos, no esponjarán mientras se horneen o por ejemplo en Nepal se sigue aislando de todo contacto humano a las mujeres, cuando estas están en su periodo menstrual. 

Culturas latinoamericanas las encerraban en jaulas e impedían que tocarán la tierra al consideran que una mujer menstruando podría dejar estéril la tierra para cultivar. En Colombia está prohibido que se laven o corten el cabello durante la menstruación

Con todo esto y muchos mitos más, la menstruación a resultado para la sociedad un tema penoso, sucio y absolutamente privado.

Sé que el título que da nombre a este texto pudiera generar un poco de controversia, por dos razones principalmente, la primera porque “estar en sus días” no es algo agradable (o eso les han hecho creer) y segundo porque “cómo puedo hablar de algo que yo no vivo cada mes”.

Pues déjenme adelantarles que se vale repensar la concepción que tenemos de algo que pasa a los cuerpos de las mujeres y que, claro, trae consigo cambios hormonales, malestares, incomodidades y dolores que hacen cambiar de ánimo, pero que de manera injusta prejuiciamos. Si señores, hemos utilizado un proceso tan natural para discriminar, menospreciar y etiquetar a las mujeres.

Muchos son los chistes que giran en torno a los cambios de ánimo de algunas mujeres debido a su periodo, cuando no a todas las mujeres les altera el ánimo. Seguimos menospreciando la sensibilidad, la emocionalidad, pues las atribuimos a un mero proceso hormonal. Lo que esconde este discurso sobre el cambio de ánimo es claro: Está mal ser sensibles, porque eso es propio de las mujeres y está mal ser mujer, porque ser emocionales nos hace débiles, está mal que la menstruación les altere el ánimo y está mal aguantarlas así. Por supuesto, un hombre no puede ser sensible, porque él no tiene menstruación.

Son las mujeres castigadas por algo que ellas no deciden, por algo que ocurre de manera natural. Repensar la importancia de desmitificar la menstruación debe ser tarea de todos, una óptima educación de nuestra sexualidad, libre de prejuicios, laica y con bases científicas, debería ser la apuesta.

Queridas, todas, trabajemos junt@s en las vergüenzas que nos han hecho creer, rompamos con esos prejuicios que nos incomodan y no usemos esas etiquetas donde nunca hemos entrado, la menstruación no debe de ser tema de censura, abramos el diálogo, invitemos y eduquemos a nuestros hombres a entrarle sin prejuicios a estos temas.

 

Mañana en #Sexualízateenvivo hablaremos de “Mitos y Verdades” de la Menstruación. Manda tus preguntas a las redes de mi Fer o escribiéndonos a: pedagogiaysexualidadrb@gmail.com