Volver a empezar | por el sexólogo Raúl Brunó

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El mundo gira, ese movimiento de rotación que hace la noche y el día, es casi imperceptible, la vida sigue, aún cuando queramos encerrarla en un frasco o detenerla en fotografías, el tiempo no para, aunque en las noches de insomnio parece correr a cuenta gotas, las plantas crecen y el pelo también.

Es este último, el que algunos peinan y peinan y peinan hasta que el resultado del espejo les da la aceptación, tiene, para algunos,muchos simbolismos.
Podemos cortarlo o dejarlo crecer y crecer, algunos le cambian el color, otros lo recogen con ligas o pasadores, la forma en la que lo acomodamos puede hacernos lucir duros, fríos o cálidos y tiernos, dicen los que saben que la imagen pesa mucho en las “primeras impresiones”.

Hace unos días, por primera vez visité una barbería, desde hacía más de 1 año que no lo hacía, quien me conoce, sabe que no es algo que me agrade ni que me ocupe, hasta hace unos días era yo quien cortaba mi cabello. Pero ahora fue diferente, quería algo diferente (creo que todos queremos siempre cosas diferentes, porque hasta la belleza cansa, ya lo decía un príncipe)

La indicación fue clara: “quiero que al verme al espejo vea a otra persona, una distinta” y no es que me haya aburrido de cómo me veía, pero sucede que a veces nos cansamos de ser como somos, nos cansamos de escuchar las mismas promesas, los mismos perdones, las mismas excusas, nos cansamos del mismo trabajo, las mismas platicas, los mismos lugares. Todo esto cuando no hay ganancias para nosotros, ganancias no precisamente monetarias, estas pueden ser también afectivas.

Las primeras reacciones fueron “seguramente Raúl está cerrando ciclos”, no señores, un simple corte de pelo no cierra nada (y qué bueno, pues los terapeutas no existirían) cortarse el pelo no termina con las historias que nos duelen, porque en cada sonido que dan las tijeras sobre el cabello, estas no cortan nuestros vacíos, ni los recuerdos, ni los finales que no son felices.

Hacerse un nuevo corte puede ser sólo el inicio de un nuevo comienzo y no el final de un ciclo. Mudarse es abandonar historias para iniciar otra nuevas. Terminar una relación puede sentirse, en un principio, el final de nuestro mundo, y si, se acaba el mundo que entre los dos (la pareja) construyeron, no así el mundo propio, lo que sucede es que seguimos desbordándonos a la hora de amar.

Córtese el pelo, píntese una sonrisa nueva y salga a comerse al mundo, que el final de una noche obscura y sin esperanza es sólo el inicio de un día soleado que nos invita a volver a empezar.