NUESTRA SEGUNDA OPORTUNIDAD | por el sexólogo Raúl Brunó

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En momentos de crisis emocionales, en momentos de relaciones al vapor, en momentos donde las personas no tenemos tiempo para llamadas de buenos días o buenas noches, no hay tiempo para apapachos, sólo para corazones virtuales o fotos con filtro, puede resultarnos poco creíble pensar en relaciones de pareja, sin embargo, algo es cierto, existen/existimos, personas que siguen pensando en una vida en pareja a largo plazo (es válido pensar en un proyecto de vida juntos), habemos quienes buscamos en una pareja que nos invite a caminar de la mano o con la cual descubramos sabores de helados juntos, nunca sabrá un helado a lo mismo después de compartirlo con esa o ese a quien amamos.

Cuando nos visita una ruptura amorosa la vida pierde sentido, en ocasiones, parece que se nos acaba el mundo, que se esfuman las promesas de un “amor eterno” y que no podemos retenerlo, se va el sentido que tiene despertar todos los días, cuando atravesamos una ruptura amorosa sentimos que el alma se nos va como el agua de las manos, es justo ahí donde comienza el problema. El no aceptar que del otro lado el amor se agotó nos causará mucho dolor.

Querer retener a quien ya no quiere estar a nuestro lado es como querer respirar bajo el agua, es como intentar correr sin saber dar pasos firmes, como volar en cielos contaminados. Querer aferrarnos a un amor que ya no es tan arriesgado como lanzarse sin paracaídas, los que hemos caído conocemos de caídas y rupturas del corazón.

    El problema está en aferrarnos a algo que ya terminó, que aunque nosotros queramos quedarnos, no queremos aceptar el adiós que el otro nos ofrece, sin saber que eso, el adiós, es lo único que puede darnos. Nadie da lo que ya no tiene o peor aún, nadie da lo que nunca tuvo.

    Pensemos entonces en una segunda oportunidad, pensemos en nuestra segunda oportunidad, segunda para volver a perdonarnos de los fallos que cometimos en la relación que terminó, para volver a sanarnos de las heridas que las palabras del otro nos hicieron (dejamos que nos hicieran daño), la segunda oportunidad es, debiera ser, siempre con nosotros mismos, aceptando el daño que nos hicimos en relaciones donde no pudieron (o quizá sí, pero no como nosotros deseamos) amarnos, perdonarnos por los momentos, las horas, los días en las que nuestros días se nublaron por recuerdos tristes.

    Apostemos por una segunda oportunidad para reencontrarnos y pensarnos como personas completas, pero sobre todo, personas libres, con derecho a pedir lo que necesitemos, con responsabilidad para ofrecer al otro momentos de plenitud, apostemos por una segunda oportunidad para contar historias de amor, de entrega, historias que le hagan a usted sentirse feliz, porque creo firmemente que todas y todos merecemos que nos amen bonito, que nos quieran como nosotros sabemos querer, no para cumplir nuestras expectativas, si para compartir proyectos,  sueños y caminos juntos.

    Si usted pensaba en darle una segunda oportunidad a su expareja, este texto no es para eso, pero déjeme recomendarle algo: no le dé una, dele dos o tres o las que ambos necesiten, si es que esa persona le hace sentir feliz, si esa persona la respeta y la quiere bonito, somos humanos y en la esencia de la humanidad está el ser imperfectos, en la imperfección también hay belleza. 

Quien dice que las segundas oportunidades no funcionan habla desde la experiencia personal, ojo, también aquellos que aseguran que se vale volver a intentarlo, creo que al final del día lo valioso del amor está en sentirnos bien con la persona que camina a nuestro lado, en despertar y saber que es él, y que ahí es.

Nos leemos pronto.