Las arrugas no se pegan: Vejez y placer

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Cuando somos niños nos enseñan (nos mal enseñan) a que los viejos (permítanme usar el término para referirme a las personas mayores de 60 años), son personas malas, huelen feo y pronto van a morir.

Expresiones como: ¡Ahí viene ese señor y te va a robar! ¿Cómo que a su edad piensa en esas cosas? ¡rabo verde! Nos demuestran que somos nosotros mismos los que nos vemos como herramientas de trabajo, cuando envejecemos nos descomponemos y tenemos que ser desechados, si, así como el pañuelo que tiramos después de sonarnos las narices.

Pero… ¿De donde es que viene este desapego hacia la vejez, hacia los viejos? hacia esos que en algún momento también fueron jóvenes pero que hoy ya están olvidados, ya nos estorban. Les utilizamos para ir al súper (porque con su tarjetita de descuentos cuesta menos), son las nuevas cuidadoras y cuidadores de los nietos, y si su suerte no es buena, lo serán también de los bisnietos.

Dice Patricia Kelly libro Mujeres Grandes “cuando yo era pequeña mi abuela Isabel me enseñó que a las viejitas se les decía mujeres grandes, señoras mayores, que no se les señalaba con el dedo y que había que dejarles el lugar en el camión, recuerdo que dijo que sus largas vidas merecían respeto y que además había que dejarlas pasar primero en cualquier lugar” ¿Cómo nos miramos frente a la vejez? ¿Qué ha sido hoy de las mujeres grandes? ¿de los hombres grandes?

Existen centenares de productos-milagro que prometen mantener la juventud eterna, tratamientos que nos aplicamos justificando que: ¡la belleza cuesta! Le tenemos miedo a envejecer y a ser desechados como les ha pasado a los que estuvieron antes que nosotros por esta vida.

Le tenemos miedo a dejar de ser útiles en esta jungla de asfalto, pero saben…. El placer no caduca, no tiene fecha de vencimiento. Pensemos en los derechos negados a los viejos que viven en nuestras casas, durmiendo con un nieto, o arrumbado en el sillón de la sala, los viejos también sienten y también se erotizan, el problema es que estamos acostumbrados a ver cuerpos torneados y firmes y creemos que juventud es sinónimo de cachondearía, fajes, sexo, y toooodos los etcéteras que le puedan sumar. Creemos que un cuerpo viejo, con arrugas y con una leve firmeza ya no siente, ya no disfruta de su sexualidad, nada más alejado de la realidad. Dice la misma autora: “nuestras pendejadas se magnifican” y si nosotros seguimos con la cerrazón de llamarlos de manera despectiva, minimizándoles, no respetando su espacio privado, entonces cuando nos demos cuento el tiempo nos habrá alcanzado y ahora seremos nosotros los pañuelos en el suelo.

Vamos corran y abracen a sus viejos que las arrugas no se pegan.

 

Y las respuestas de hoy acá se las dejamos:

¿Por qué las mujeres están obsesionadas con el tamaño, aunque luego sean frígidas en la cama?

Siempre he creído que hablamos como nos va en la feria, no conozco a mujeres, y mire que conozco muchas, que particularmente se obsesionen con el tamaño del miembro viril. A las mujeres (y a los hombres) les gusta que sean tratadas en las mismas condiciones que a los hombres, que sea con respeto, empatía, si es en pareja, con amor y esas cosas “cursis” que a los amantes nos siguen gustando (si, si usted lee este artículo y le queda el saco aplíquese que me le voy).

Lo que sí es una bajeza, es llamar a las mujeres “frígidas” cuyo significado es aquel o aquella que carecen de calor, y no querido lector, las mujeres cuyo apetito sexual no es frecuente o es nulo (que me imagino es a lo que te refieres con “frígidas”), generalmente tienen algún desajuste en su proceso de erotización, falta de lubricación vaginal o extremo dolor en la penetración son disfunciones de la vida erótica, esto se puede resolver acudiendo a terapia.

Pero para que se quede más tranquilo usted y su “amiguín” le informo y a quienes nos leen que la cavidad vaginal más sensible es de 7 cm. De profundidad, penes muy grandes llegan a lastimar y producir desgarres, así que un pene de más de 7 cm. Puede dar placer a borbotones.

¿Qué pasa si me acosté con una desconocida pero después descubrí que tenía ladillas, qué hago? ¿Me rasuro?

Vaya al médico, le pueden recomendar jabones y cremas, no estoy muy seguro que rasurarse sea la solución pues dejamos desprotegida la zona de los genitales. El médico, se lo aseguro, sabrá que hacer.