Alzheimer ¿le puede dar a mi perro? | Por el MVZ Marco A. Hernández

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El Alzheimer es una afección lenta y continua que dificulta el correcto funcionamiento de las células del cerebro, las neuronas. El Alzheimer es un mal de nuestro tiempo que no solo afecta a humanos, nuestros queridos perros padecen un tipo de demencia parecida al Alzheimer, con las mismas lesiones y el mismo mecanismo genético que los humanos.

Pero ¿Pueden los perros padecer de Alzheimer? Lo más correcto es decir que la enfermedad es propia de los humanos, por lo que los animales no podrían padecerlo, sin embargo, los perros sufren de ciertas enfermedades cuyos signos son muy cercanos a los que sería el Alzheimer en humanos, por ello se habla a menudo del “Alzheimer canino”, aunque en términos más adecuados nos estaríamos refiriendo a un envejecimiento cerebral canino, o más técnicamente, “síndrome de disfunción cognitiva”. Este tipo de procesos degenerativos son del máximo interés y además de afectar al individuo en cuestión, suponen un cambio de vida en su entorno y sus seres queridos.

El síndrome de disfunción cognitiva en perros se basa en la incorrecta acumulación a nivel cerebral de una proteína conocida como beta-amiloide. Este acumulo puede deberse a tres factores.

  • Exceso de producción de la proteína en el organismo.
  • Eliminación inadecuada del beta-amiloide.
  • Combinación de alta producción y baja eliminación.

Diversos grupos de investigación en todo el mundo llevan décadas estudiando este mal y se ha creado la propuesta de una vacuna. Al recibir la vacuna experimental los perros producen anticuerpos frente al beta-amiloide y se reduce el nivel de esta proteína en sangre y cerebro.

Pero ¿cómo podríamos detectar un proceso de envejecimiento cerebral en nuestro perro? Podrías detectar alguno de estos comportamientos:

  • Desorientación espacio – temporal.
  • Cambios bruscos de comportamiento.
  • Trastornos de sueño, mayor actividad nocturna y menor diurna.
  • Alteraciones en el comportamiento social, rehúye al contacto.
  • Variación en el comportamiento eliminatorio, micción o defecación inapropiadas.
  • Menor interacción con los miembros de la familia.
  • Menor respuesta sensitiva a estímulos.
  • Irritabilidad o apatía.
  • Actividad corporal poco expresiva y pasiva.
  • Ansiedad al quedarse solo.

 

Cuando hablamos de esta enfermedad debemos tener claro que se trata de un problema neuro degenerativo, es un proceso irreversible, que podrá evolucionar a velocidad más o menos lenta, ya que al día de hoy es un proceso incurable. En nuestras manos está el organizar la vida de nuestro perro de la forma más cómoda para él. No se trata de consentir todos sus caprichos, ni tampoco de trastornar nuestras vidas por su causa. Se trata de establecer un sencillo mecanismo para que los problemas se reduzcan y podamos convivir de la mejor manera con nuestro perro. Por supuesto, deberá llevar un control veterinario constante, estas indicaciones solo son un mecanismo para que el animal afectado por esta enfermedad pueda conservar su equilibrio y rutina de la mejor manera posible.

  • Adaptar el entorno de la mascota a su nuevo ritmo de vida.
  • No emplear los castigos ante los errores o alteraciones debido a la enfermedad.
  • El ejercicio físico diario y adaptado mejora su riego sanguíneo y activará el cuerpo.
  • Mantener una rutina, para evitar confusión.
  • Ordenes e instrucciones simplificadas de modo que el perro las entienda y las ejecute.
  • Si lo aconseja el veterinario administración de fármacos adecuados para cada caso.
  • Cariño, paciencia y ser tolerante.

 

A veces no es fácil darse cuenta de que este proceso se está instalando en nuestra mascota, ya que tenemos asumido que son fallos debido a la edad y por ello esperados y poco modificados, sin embargo, es importante el establecer un plan de acción que nos permita limitar en la mayor medida posible el desarrollo de este mal. Podemos vigilar las pautas de conducta de nuestro perro. De forma que cuando tres o más de ellas varíen más de lo habitual, podamos estar en alerta.

Recuerda darle a tu perro una alimentación de calidad, la cual también podría influir en una mejor calidad de vida en sus años de madurez. Garantízale una alimentación rica en sustancias antioxidantes, estas abundan hoy en día, así como la información sobre este tema, las casas comerciales elaboran habitualmente dietas senior específicas que incorporan los antioxidantes más eficaces. Consulta al Médico Veterinario para ajustar la alimentación de tu mejor amigo en esta etapa de su vida.