“VIGILANCIA PERMANENTE” El libro que las compañías de internet no quieren que leas

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“En una sociedad verdaderamente justa el pueblo no debe rendir cuentas ante el gobierno, sino al revés ”
Snowden

Cuando la Red en Defensa de los Derechos Digitales (D3) informó a la opinión pública, que la empresa israelí NSO Group, desarrolló el programa PEGASUS que, incluso aprovechó una falla en la red de WhatsApp para lograr infectar con Malware los celulares de miles de personas, las alertas se encendieron en nuestro país, gracias a que éste software de espionaje, fue adquirido durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018), para espiar a activistas y opositores al régimen, sin autorización legal alguna.

Es por casos como el antes señalado, que el libro publicado por Edward Snowden cobra notoriedad y es lectura indispensable para saber cómo opera el aparato de espionaje global, auspiciado principalmente, por los Estados Unidos.

En éste contexto ¿Sabías que tu teléfono inteligente, puede tomar fotos tuyas, sin que tú lo sepas, aun cuando lo lleves apagado?
Además, ¿Sabías que todos los mensajes que has borrado de tus dispositivos digitales, no fueron eliminados del todo y están disponibles para cualquiera que pueda hurgar en tus conversaciones?

¿Sabías que cada vez que bajas una aplicación, estás autorizando que tu información sea propiedad de grandes conglomerados?
¿Sabías que empresas como Amazon y Facebook lucran con tu información y la de tus contactos?

Todas estas interrogantes, hacen del libro VIGILANCIA PERMANENTE (Planeta, México 2019) del ex espía y contratista Edward Snowden, un libro que hará que veas el internet con otros ojos y como la otrora llamada súper carretera de la información es utilizada por los grandes conglomerados, quienes ponen a disposición de los servicios de los 5 ojos (Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos), quienes so pretexto de la guerra contra el terrorismo, se dedican a espiar la web y vigilar a terroristas potenciales o simplemente a ciudadanos comunes y corrientes.

Un libro que descubre las entrañas del sistema, que hurga en lo más recóndito de los ciudadanos de todo el mundo, un libro que nos lleva a una vorágine de sentimientos y dudas, como las que inundaron a Snowden, quien coadyuvó a diseñar la bestia que se encarga de vigilarnos de una manera permanente y perene.

La vigilancia que narra el libro, es digna de las peores pesadillas distópicas, al grado que es tanto el cinismo con el cual tus datos son almacenados en la Nube o servidores, donde todas tus búsquedas, preferencias, fobias, estado de salud, antecedentes crediticios, familiares y tus pasiones más perversas (como las búsquedas que hagas en YouPorn y RedTube) son archivados a perpetuidad y estén disponibles para quien le interese.

Sin órdenes judiciales, sino simplemente porque pueden, las agencias de inteligencia rastrean y vigilan a sus ciudadanos haciendo que, desde un escritorio, cualquier nerd al servicio del gobierno, pueda saber más de ti, que incluso tu pareja o familiares.

El texto comienza con el amor del joven Snowden por la tecnología y por ese mundo nuevo que era el internet, donde la información se compartía y donde había una hermandad sin parangón.

Snowden nos describe su adolescencia, donde el “internet fue en gran medida algo hecho de, por y para la gente. Su finalidad era ilustrar, no monetizar”, pero gracias al ingenio del hombre, de lucrar con todo, los conglomerados comenzaron a ver que la web era una mina de oro, ya como sucede en éste mundo donde las Apps moldean los gustos y preferencias de los usuarios.

El libro nos cuenta, como los grandes conglomerados como Yahoo!, Microsoft, Google, Facebook, PalTalk, You Tube, Skyoe, AOL y Apple (por citar algunas), fungen como brazos ejecutores y recolectores de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de la unión americana, donde sin orden judicial, tus datos y los de los millones de usuarios, son recopilados, a través de programas como el PRISM (recopilación de datos de los grandes servidores) y Upstream (recogida directa del internet).

Cuando tu proporcionas tus datos en una aplicación, y subes fotos de tus eventos y conocidos y además los etiquetas, le estás haciendo el trabajo a los analistas que laboran para las agencias de inteligencia.

El espionaje es una realidad, por muy ficticio que parezca, y no es exclusivo de las naciones del primer mundo enfrascadas en la Guerra contra el Terrorismo, sino también en nuestro país, donde durante el sexenio de EPN, el programa PEGASUS fue utilizado por la Agencia de Investigación Criminal para espiar a ciudadanos desafectos al régimen, sin que hubiera documento legal que avalara la intromisión a la intimidad de los miles de afectados. El programa permitía el espionaje a todo aquel que lanzara una diatriba en la web en contra de cualquier funcionario, sin importar sí eras un ciudadano o un periodista incómodo al régimen.

Gracias a la facilidad con la que se puede hackear (una actividad que como dice el libro, todos en nuestro ámbito realizamos, al espiar las conversaciones de nuestra pareja o simplemente curiosear (stalkear) en los perfiles de gente que, por cualquier motivo, llamaron nuestra atención), ha hecho que proliferen programas MALWARE, o simplemente los metadatos (datos acerca de los datos, lo cual es la primera línea de información que utilizará quien te vigilará) sean almacenados por agencias de seguridad.

Snowden de una manera cruda, nos recuerda que “cuando elegimos almacenar datos online, a menudo estamos cediendo nuestro derecho a reclamar su propiedad”, lo cual es utilizado por el gobierno por “si alguna vez te pasas de la raya, usaremos tu vida privada contra ti”, lo cual funciona como una espada de Damocles que, siempre penderá sobre nuestra cabeza o identidad, por muchos nicks o avatares que utilicemos en nuestras redes sociales.

Por eso, cada vez que te tomes una “selfie”, creyendo que la intimidad te protegerá, deberás saber que sin que tu sepas, tu dispositivo, está al servicio de gente que almacenará todos tus datos, por sí llegara el caso, filtrarlos y arruinarte la vida, ya que lo que queda en el internet, queda para la posteridad, además de recordarnos, que todo tiene un precio y que nada es gratis en la vida, incluyendo al internet.

@borgestom