Un virus que derrota presidentes

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El principio del fin llegó en las semanas que la pandemia comenzó a multiplicarse. En ese momento muy pocas personas podían anticipar lo que vendría, y nada hacía mella en el apoyo de sus seguidores. Ni las decisiones ejecutivas calificadas de “arbitrarias, impulsivas y desconsideradas”, incluso por colaboradores cercanos, el modo tan personal de ejercer el poder, la evidente incapacidad para ver la diferencia entre verdad y mentira, o ser un tipo que “no ha leído nada”.

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Aunque en estos tiempos la ignorancia es bien vista por muchos, resulta “esencial leer, escuchar, debatir y seguir un proceso para sopesar alternativas y determinar políticas” según su secretario de Defensa al que apodó perro loco. Pero debió pesar de algún modo pues en casi 3 años de mandato “no parecía capaz de articular una estrategia ni un plan para el país”, y la vaguedad y falta de rumbo de sus comentarios sorprendieron a muchos de quienes lo trataron incluido un reportero del Washington Post de 77 años que lo entrevistó 17 veces.

Hablamos del ya ex presidente Payaso Loco, también conocido como Donald Trump, y del multipremiado Bob Woodward que continúa lo iniciado en Miedo. Trump en la Casa Blanca, con un nuevo libro sobre este magnate metido a político que lo mismo insulta o confiesa que a veces gobernar es parecido a encontrar <<dinamita detrás de cada puerta>>. La investigación periodística es impecable y recrea el momento cuando personal de inteligencia le advirtió que la peor amenaza a la seguridad nacional de su presidencia era la pandemia, entrevista a personas de su círculo íntimo que recomiendan leer Alicia en el país de las maravillas y fijarse en el gato Cheshire para entender su comportamiento y estrategias, como hace el yerno Jared Kushner, y con respeto el reportero lo cuestiona abiertamente en temas como el racismo.

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La obra de casi 500 páginas ofrece un gran retrato de lo que pasa tras las bambalinas del poder en Washington DC, y lo ocurrido en torno a la pandemia, la opacidad de China, una crisis económica equiparable a la gran depresión de 1929, o el estallido de la crisis por violencia policiaca y discriminación racial. Aborda también el uso que hace de Twitter y de los ciclos de noticias, la forma de degradar la palabra presidencial al hablar y/o tuitear desmesuradamente, el desquiciante ritmo de trabajo impuesto a subordinados, o la intervención rusa en las elecciones de 2016 donde un alto funcionario de seguridad duda de esta complicidad pues Trump, quien ríe cuando se lo dicen, es incapaz de trabajar siquiera con su propio gobierno.

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La variedad de fuentes, analizadas con rigor, y no pocos entrevistados del primer círculo del poder aportan mucho para entender que el virus no es un invento para controlar a la población, que es el mantra más reciente de todo tipo de consparanoicos. O la forma como rebasa la respuesta de un gobierno del llamado primer mundo, con todo y faltas de previsión o la compleja relación entre salud de la población y presiones económico-políticas no exentas de amenazas. Lo que constituye un buen espejo para analizar y comprender el modo de manejar esta crisis por parte de otros gobiernos, incluidos aquellos de la región 4, como lo que en realidad pueden o no hacer al margen de filias o fobias ideológicas y las responsabilidades administrativas, civiles o penales, además de los costos electorales que les esperan a los ineptos e incompetentes de todo el planeta.

En este sentido, el libro es también una valiosa clase de periodismo que prensa como la mexicana debería estudiar para ponerse a investigar a detalle con mucha ética y rigor lo que aquí ocurre pero que, por desgracia, no es común que se haga. Cosas como “comprender, entender cómo llega a sus conclusiones esa gente, cuáles son sus emociones, ponerse en la posición del otro”. Así que esta lectura es indispensable para cualquier interesado en cómo controlar al poder político en sociedades más o menos democráticas, o estudiantes de periodismo a quienes espera un reto monumental.

Hace más de tres años me incorporé al grupo que hoy hace posible este sitio web. Desde entonces he tenido un espacio quincenal ininterrumpido donde con absoluta libertad he podido hacer entrevistas, crónicas y reseñas de libros que con esta entrega cierran un ciclo intenso y muy importante. Agradezco el apoyo de todo el equipo, especialmente de las muy queridas Fernanda Tapia y Yoss Arias, así como a quienes me facilitaron materiales o contactos y a todas aquellas personas que se tomaron el tiempo de leerme. Muchas gracias, hasta pronto.