Ni el hecho de que México sea uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el oficio,  que las condiciones para hacerlo sean hoy tan complicadas, o la precariedad que desde hace tanto azota al gremio contribuyendo a que no pocos terminen enfermos, pobres, en oficinas de prensa gubernamental o de publirrelacionistas en el mejor de los casos, han podido acabar con el periodismo.

Sin embargo, hoy enfrenta una crisis tan profunda que puede llevarlo sino a la extinción en el corto plazo sí a un cambio sustancial en su manera de consumirlo, producirlo industrialmente e incluso concebir una práctica donde lo mismo han pasado figuras como Mark Twain, José Martí y Gabriel García Márquez, entre tantos otros, que falsos gurús, santones, comentócratas, chayoteros o vendidos textoservidores.

En gran medida este proceso de declive y posible ocaso se debe al desarrollo de la revolución de la infotecnología, la cual trae consigo efectos significativos en la sociedad como en sus medios de comunicación y trabajadores de la tecla. O al menos es la impresión que deja la lectura de No hemos entendido nada. Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo, del periodista y editor Diego Salazar. Un análisis bien argumentado y documentado de 20 sugerentes casos que se viralizaron en redes sociales y medios de comunicación en su intento por captar usuarios a cualquier precio justo cuando Facebook ha destruido el negocio de la prensa y junto con Google posee el monopolio de la atención que antes gozaban los medios.

Pero no solo eso. Dado que el flujo constante que supone Facebook es tan grande, lo que antes llamábamos noticia y hoy conocemos como contenido pierde su valor intrínseco –lo informativo- para pasar a ser mero entretenimiento. Lo grave es que tanto diarios como el periodismo televisivo o radial en buena medida se valoran por su carácter informativo y la confianza que la información que proveen despierta en su audiencia. Sin embargo, lo vertiginoso de las redes sociales que traen consigo lo instantáneo no dan tiempo, o al menos eso creen, para verificar y contextualizar los hechos.

De ahí a propagar mentiras no hay muchos pasos, entre otras cosas porque para no perder relevancia y/o presencia, producir más contenido a bajo costo e intentar luchar por la atención de los usuarios que antes se llamaron audiencia, la mayoría de los medios noticiosos y periodistas desplazados por estas redes, o que tratan de adaptarse a ellas, han optado por rebajar sus estándares y redefinir lo que consideran una noticia. Además de que no pocas empresas se convierten “en mero altavoz de lo que hacen los usuarios de redes sociales con la esperanza de así atraer a otros usuarios de redes sociales”, pues ahora la carrera es por generar engagment e interacción. Por eso la obsesión de generar contenido viral como sea, donde es útil emplear “motores emocionales potentes  que afecten a la gente de forma suficiente para que compartan (…) es importante crear excitación emocional máxima lo antes posible. Golpéalos fuerte y rápido con emociones fuertes”, al fin y al cabo el siguiente escándalo online pronto sepultará aquello que hemos dicho y mañana ya nadie lo va a recordar.

Quizá por eso se hicieron noticia viral la camiseta blanca “diseñada” por el cantante juvenil Justin Bieber, la falsa historia de una azafata que tenía sexo con pasajeros, un artista que hace creer a su país que publicaba en la cosmopolita The New Yorker sin ser cierto, la noticia de una chica que sangra por los ojos o la inexistente niña Frida Sofía supuestamente atrapada bajo escombros durante un temblor en la ciudad de México donde, por cierto, se echa de menos una línea de interpretación sobre operaciones psicológicas de masas, medios y contrainsurgencia, aunque a lo largo del libro se aportan diversos elementos –incluidos interesantes recursos digitales- que ayudan a entender el peso de los algoritmos y otras trampas que con el pretexto de la empatía van sesgando los contenidos a los que tenemos acceso mientras proporcionamos todo tipo de detalles que constituyen el gran negocio de las bases de datos con información sensible que interesa a servicios de inteligencia y espionaje más propios de la Guerra Fría.

Cabe destacar que la obra es accesible para cualquier persona interesada en la “posverdad” y las noticias fake, aunque resulta de especial interés para editores, periodistas, gerentes de prensa o estudiosos de la comunicación. Con aportes y provocaciones bien sustentadas para reflexionar sobre el futuro de la profesión periodística en el siglo XXI, hecho desde la propia realidad iberoamericana donde todavía es muy pronto para saber el desenlace final de esta historia.