Rosalía era una joven de 19 años, madre primeriza, que llegó al Hospital General Dr. Enrique Cabrera (Alcaldía Álvaro Obregón) el pasado 2 de diciembre, tenía agendada una cesárea, llego sin complicaciones, durante todo su embarazo estuvo sana y llevando el control en el centro de salud que le correspondía.

A pesar de que estaba programada para la intervención, el personal en turno la obligó a intentar dar a luz de forma natural (no puedo imaginarme su dolor), cabe mencionar que ella no tenía contracciones, pues iba a una CESÁREA, que horas después se practicó de emergencia, debido a que la joven se había esforzado mucho al intentar dar a luz. Esto trajo varias consecuencias, entre ellas, una hemorragia que fue muy difícil controlar. A Rosalia le tuvieron que ligar las arterias uterinas, y después la llenaron de gasas debido al sangrado excesivo, en algún momento de este procedimiento, le dio un paro cardíaco.

Sus familiares supieron del estado de Rosalia dos días después

Cuando sus familiares se enteraron, el daño era irreversible, tenía una atrofia cerebral y sus órganos estaba comprometidos. Estaba en coma. Lamentablemente Rosalia falleció el domingo pasado a causa de las deplorables condiciones en que la tenían y la poca (nula) atención que le brindaron. Llegó inclusive a tener llagas infectadas, porque las enfermar no se las limpiaban, la alimentaban vía oral igual que el medicamento. Dejaba sus sondas sucias, no cambiaban la ropa de su cama. Le hicieron promesas que nunca cumplieron, como enviarla a la rehabilitación que la ayudaría a mejorar, pero…¿cómo? si ya nunca despertó.

Su familia, con apoyo legal del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE)., presentará una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por los tratos crueles e inhumanos que recibió esta joven los últimos 89 días de su vida, los que pasó postrada en una miserable cama de hospital a causa de puras negligencias, porque no, no fue sólo una.