Por Paulina García

Actualmente, México ocupa el primer lugar en obesidad infantil, según datos de la UNICEF. Esto se debe a diversos factores, entre ellos, el gran índice de urbanización, así como el ingreso de las nuevas tecnologías que han provocado el sedentarismo en los niños, ya que se ha disminuido la activación física y se ha dado preponderancia a los juegos digitales. De igual manera, los hábitos alimenticios de los infantes han cambiado, dándole preferencia a la ingesta de alimentos con alto contenido de calorías, azúcares y grasas, dejando de lado el consumo de vitaminas y otros nutrientes esenciales. 

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2006, la prevalencia de obesidad y sobrepeso en niños varió según el sexo y lugar de residencia, teniendo como resultado que tres de cada diez menores padecen obesidad. Así mismo, se obtuvo como resultado que hay un crecimiento progresivo de este padecimiento en zonas rurales en el caso de ambos sexos.

Dicha situación es alarmante, por ello se ha recomendado a los padres de familia que presten atención a la alimentación que les brindan a sus hijos y a incentivarlos a que tengan una dieta más saludable.

Ha surgido como alternativa, cambiar el consumo de azúcares por los llamados “sustitutos”, se trata de productos libres de calorías que aportan cierto dulzor a las bebidas que los contienen. Varias marcas como Coca-Cola, Gamesa o Verde Valle han incluido en sus productos dichos endulzantes. 

Entre los sustitutos mayormente utilizados se encuentran los siguientes: acesulfame, aspartame, sacarina, stevia y sucralosa. Sin embargo, existen ciertos mitos y realidades en torno al consumo de estos edulcorantes, los cuales se refieren principalmente al aumento o disminución de peso que puede provocar su consumo, así como a la existencia de ciertas repercusiones que pueden tener, tanto los adultos como los niños.

Uno de los mitos que existen respecto a los endulzantes, es que son cancerígenos. Aunque existieron ciertas dudas al principio respecto a si su consumo era seguro o no lo era, no existe un registro científico que corrobore que provoquen cáncer, por el contrario, ha sido autorizado su uso por la COFEPRIS en México.

Así mismo, la Revista Mexicana de Pediatría señaló que los edulcorantes son seguros y pueden incorporarse en la dieta infantil e incluso pueden combatir el sobrepeso o la obesidad, siempre y cuando se combinen con un estilo de vida adecuada, así como con actividad física.

Otra de las realidades que existe respecto a los endulzantes, es que no los pueden consumir quienes no puedan procesar la fenilalanina. Estos casos son poco frecuentes, pero sí se llegan a presentar, tanto en infantes como en adultos, por lo que definitivamente no se recomienda su uso para las personas alérgicas a esta sustancia. 

Por otro lado, otro mito que se da acerca de dicho tema, es que los sustitutos no se deben administrar en mujeres embarazadas porque el bebé puede nacer con malformaciones. Esto es falso, puesto que, aunque se recomienda a las mujeres en estado de gestación no consumir edulcorantes, la razón de ello no es la salud del bebé, sino que las necesidades energéticas que tienen las madres en ese momento son mayores, por lo que necesitan mayor cantidad de calorías. Sin embargo, en el caso de que se trate de una mujer embarazada con obesidad o un niño o adolescente con este padecimiento, el médico recomendará que se disminuya el consumo de azúcar.

Por lo tanto, se puede concluir diciendo que a pesar de que hoy en día en México predominan los casos de obesidad infantil, esta situación se puede contrarrestar mejorando los hábitos alimenticios de las nuevas generaciones y fomentando la realización de actividades deportivas, en lugar de la utilización continua de las nuevas tecnologías. De igual manera, de acuerdo a los estudios que se han realizado en varias instituciones a nivel nacional e internacional, el consumo de sustitutos de azúcar no tiene repercusiones cancerígenas, por el contrario, sumado a un plan de alimentación balanceado y a la actividad física puede ayudar a contrarrestar la obesidad infantil y a disminuir el contenido calórico en los niños que la padecen.