Mi querida Fernanda, ante el más reciente auge del Metoo mx en ámbitos donde no se había dado, como es el de las escritoras, los comentarios en contra no se hacen esperar. Que si la denuncia anónima no vale, que si no se comprueba por qué estar embarrando los nombres de los renombrados, que si cuántas son falsas, etc. Ya te la sabes. En este ámbito de cosas, recibí la llamada de un compañero muy preocupado, porque su nombre aparecía con una acusación de misoginia simple. ¿A qué le llamo misoginia simple? Pues a esos comportamientos que consisten en denostar mujeres y valorar más a los hombres en lo concreto y en los espacios de poder.
Mi compañero muy preocupado, me recetó toda la serie de razones por las cuales él considera que es una acusación injusta y fuera de lugar. Mientras me contaba todo esto yo pensaba: ¿qué es lo correcto, lo decente para decirle a este hombre que conozco, pero que no meto las manos al fuego por él, como no meto las manos al fuego por nadie, porque de mis mejores amigos de teatro y de las vacas sagradas más respetadas, he sabido anécdotas de acoso y varias son clasificables en delito? Partiendo de la base del hermana, yo te creo, pues por supuesto que no está en mí poner en duda la denuncia, al contrario. Lo que hice fue decirle lo siguiente: lamento mucho por lo que estás pasando. No estoy en contra de las denuncias anónimas porque de veras no tenemos de otra y esto es ya demasiado grande como para seguirlo callando y cuando hacemos denuncias formales no pasa nada. Hay demasiado machismo y acoso estructural y no pasa nada. Te recomiendo, ya que eres escritor, que escribas y hagas una reflexión en voz alta, pero no sobre las injusticias de las denuncias falsas, si no sobre cómo se sienten los hombres de que tengamos que llegar a esto para tener una vida decente. Hace 3 años estalló la denuncia masiva con el hashtag mi primer acoso, en la comunidad teatral. ¿Cuántos grupos de hombres de teatro organizados para reflexionar sobre masculinidades alternativas hay? ¿Dónde están sus mesas de trabajo dentro de la muestra nacional de teatro, donde se preguntan por qué nos sentimos tan inseguras? ¿Dónde están los ensayos escritos sobre la normalización del acoso en las relaciones director-actriz? ¿Se lo están preguntando? ¿Dónde están las reflexiones que hacen sobre su propio machismo a la hora de contar historias? ¿Por qué no, en vez de pelearse con la idea de nuestra legitimidad de denunciar como podemos, empiezan a pelearse un poquito con su manera de ser hombres? ¿Qué no están preocupados de una marea aplastante de mujeres que decimos ya no mas? En todas las áreas, en todas, las culturas, en todas las profesiones.

A los hombres amigos que quieren ser aliados, a veces pienso que lo mejor que pueden hacer en este momento “por las mujeres” es ponerse un espejo y hablar entre ustedes de los que sienten, de cómo hacer las cosas de forma distinta, de cómo dejar de objetivarnos, de cómo ceder sus espacios en justicia e igualdad. En fin Que vengan mas #Metoos, todos los que hagan falta.