Los Oscar tan Oscar

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La entrega 92 de los predecibles y confortables premios para la cinematografía mainstream estadounidense este año han sido “emocionantes” porque consiguieron a última hora plantar un rostro no sólo amable, sino hasta correcto y osado, a todas las voces críticas y a la campaña de #OscarsSoWhite que los últimos años ha señalado la falta de diversidad en todos los aspectos de producción, exhibición y representación del arte cinematográfico preponderante en el mundo: la del cine hollywoodense.
Y miren, tomaría largo rato enumerar y analizar todos los elementos que conforman y constituyen al cine, los que han emanado de él y las prácticas, morales, valores e ideologías que el cine secunda o impone. ¿Pero quién en su sano juicio con perfil en redes sociales se va a poner a juzgar todo esto? Mejor: juzguemos mejor vestuario, mejores efectos especiales, la “gala” de caminar por una alfombra roja y la pareja más hot; ya ni la edición porque, a pesar de ser el elemento que hizo posible la invención del cine como arte, la llamada Academia propuso sin éxito que a partir de este año ya no se diera ese reconocimiento por “redundante”. Así deberían concluir sobre la premiación completa, ya que se trata de un gremio cerrado dándose premios y palmadas en la espalda entre los miembros más exclusivos. En fin, ¿qué ganaríamos si juzgamos al cine, cómo se hace, quién lo hace y hasta en qué influye si todo puede ser una divertida y chaqueta charada que además les traducen en vivo acompañada de sus presentadores comiendo galletitas tan insípidas y malas para la salud como ellos.
¡Todo eso es aburrido! Así que unámonos al coro rumiante monolingüístico y sin escalas a los highlights de la ceremonia. Si ustedes desean enumerar más y que los debatamos, perfecto, en la sección de comentarios no olviden poner lo que sea que les hace pensar el cine y sus premios más prestigiosos.
  1. Lo obvio (aunque siempre lo obviamos): el cine de Hollywood es de lo más aburrido y predecible. Claro, no significa que ustedes dejen de ir a las salas a disfrutar la décima parte de los rápidos y furiosos ni la actualización presentable de mujercitas acompañadas del cisgénero de moda; no, ustedes pueden disfrutar de lo que gusten, sólo recuerden que les gustan dos cosas: lo que les dicen que les debe gustar y lo que hay. Y básicamente sólo hay de lo que les dicen que deben consumir. Con todo lo que hay que hacer a diario, ¿quién en su sano juicio, además de juzgar qué es el cine, se pondría a buscar más y mejores películas de las disponibles en su complejo para acomplejados más cercano? Ah, pero están los servicios de streaming que le apuestan a… ¿lo mismo? No. Son diferentes, usted manda porque decide a qué hora verlo y puede poner pausa. No porque sienta que su cultura y su psique se revolucionan o conmueven, sino porque puede comenzar a ver un contenido en un dispositivo y continuar en otro. ¡Eso es poder y autonomía! ¡Eso sí es tener el control remoto!
  2. Otra obviedad (más ironía): la prensa no ofrece nada y aún así decepciona. Si usted observaba la transmisión o el streaming podía advertir la calidad y el “formato” de cada cual según el idioma para nombrarlos, y esto porque a cada medio le gusta diferenciarse de acuerdo a su público objetivo porque, recuerde, las audiencias no son iguales todas aunque que todas vean, les guste y piensen lo mismo. En televisión abierta –la más execrable de todas– los conductores son un bellísimo ejemplo de la simplonería y facilidad para orientar a la cosa llamada opinión pública. Esa bonita libertad de poder expresar la opinión aunque en realidad no es suya, es la de otro dicha con sus propias limitadas palabras. Con versiones arregladas para la ocasión de lo que sería una reunión de comadres en la sala de cualquier casa, las conductoras con cejas peinadas a la moda y presentadores que degustan galletas igual de insípidas que ellos, se esfuerzan por parecer lo que más demanda el público: expertos en algo. Así, la interminable ceremonia es acompañada y rematada con el discurso oficialista y más predecible que la Academia quiere imponer, el que trata de su diversidad, de su inclusión, de la concesión y transigencia con los grupos minoritarios –nomenclatura que ellos dan en lo que el resto de la humanidad se da cuenta que en números, como en muchas cosas más, los que son menos son ellos. Pero ¿de qué serviría poner atención y pensar o sentir algo de esto? No, yo creo que estamos aquí mis amores para disfrutar y ver premios, ya hablaremos de eso en otro momento. Un mejor momento cuando haya tiempo para ver si hay el momento. ¡No me confundan! Prensa de análisis.
  3. El cine, la Academia, los Oscares y ustedes son racistas. Sí, ya sé. ¿Cómo me atrevo a poner “ustedes” en la misma oración que la Academia?, pero recuerden que aunque todos son nichos de sus amados estratos sociales, todos están cortados por la misma tirana. Quiero decir, amputados por la misma tijera. El Oscar por considerarla la mejor película a Parásitos no sólo no es inclusión ni diversidad. Es una cuota tan simbólica como baja en calidad de lo que la diversidad es en la realidad y que esos que nombran a las minorías ceden para mitigar la incómoda y aburrida protesta. Además, sirve para alentar en las redacciones del mundo editorial AAA (aliado, alineado y alienado) notas de quinta que dicen “Aún en cartelera, hay que ir a verla” y fin. Sí, hay que ir a verla y también finar las notas simplonas que seamos francos, nada, absolutamente nada ofrecen o inspiran a ningún lector. Sí, una producción cinematográfica de Corea del Sur ganó Mejor película. ¿La Academia es menos racista? Ni de lejos. El único grupo minoritario –por densidad– en Estados Unidos que gana más “rápido” que el promedio de un hombre blanco es el de coreanos expatriados en ese país. Mientras un hombre blanco debe trabajar 64 años para haber ganado dos millones de dólares, un hispano debe hacerlo 83 años, uno negro 85 y un asiático 93; pero, si estos datos los tratamos por sexo, observamos que las mujeres añaden muchos años a la edad de retiro si las incluimos en el mismo grupo, así que no sólo hay racismo sino sexismo en todo, absolutamente todo lo que nos ocurre, y así, para reunir la misma cantidad de dinero, una mujer negra debe esperar hasta los 105 y una hispana hasta los 118, pero… excelentes noticias: en Estados Unidos hay un grupo que aventaja a los hombres blancos en su propio juego. Se trata de los hombres asiáticos solos (sin mujeres) que a los 61 años pueden haber reunido cuatro años antes lo que el hombre blanco promedio. Ésta y otras “sutilezas” demográficas y culturales son las que se votan en la Academia a la hora de elegir ganadores. En la ecuación también se despejan elementos como percepción de marca, aceptación del público, lo trendy y el número de teleespectadores. Buena parte de esas variables en la ecuación cada uno las pone.
No es que quiera arruinarle sus gustos ni inspirar en ustedes un sentimiento de culpa o vergüenza por seguir su reality favorito, pero ya que son admiradores de la realidad, fanáticos de la acción y amantes de la ciencia factible –o ficción mientras un día se logra–, llévense y atraigan a otros a niveles de disfrute y creación que nos hagan superar las condiciones dramáticas y aburridas que tienen las secuelas, más que vistas y predecibles, en esta saga, en la que a veces emociona cuando se ve el despertar de la fuerza pero que siempre regresa al aburrido y desastroso ascenso de estar solo más rápido y más furioso. La reflexión sobre los Oscar no es para satanizarlos, de eso ya hay mucho. Es para compartirles el evangelio según los datos y que ustedes, creyentes de la palabra, aunque sea el horóscopo, por un momento se abran a ver y reconocer lo que tienen en frente. Tenemos una historia humana de racismo en casi todo lo que hacemos y eso ha hecho a perder todo lo que hacemos bien, hasta premiar una excelente sátira moderna que vale la pena ver en cine o en donde se pueda. Parásitos, esté o no en cartelera, vale la pena ahora y lo valdrá porque con humor y formas originales y muy particulares a su latitud desenmascaran una farsa global que hace de todos unos fake cool. La comentamos en la próxima entrega si juntamos diez lectores que lo pidan en esta entrada.