La magnitud de los feminicidios en México exige institucionalizar oficialmente y a nivel internacional un día para recordar a todas sus víctimas. Un día para llamar la atención del mundo en todos los niveles hasta lograr justicia, reparación y verdad para las víctimas. #3Noviembre #DiaDeMuertas #DíadeVíctimasDeFeminicidio

 

 

FRIDAGUERRERA/ LA COLUMNA ROTA

 

Hace unos días acudí a Zinacantepec en el Estado de México, a presentar el libro #NiUnaMás, hasta el lugar acudieron muchísimas mujeres, pero hubo una que particularmente llamó mi atención. Entablando un diálogo con quienes amablemente me escuchaban, pregunte qué es la violencia. Justo llame a esta mujer joven que había llamado mi atención, Verónica se encontraba al fondo de aquel salón. Sencilla, vestía una gorra que amarraba su cabello, no tiene más de 25 años, traía una bebé en brazos, su rebozo y muchas ganas de participar en nuestra charla.

Verónica, ¿Qué es la violencia? -No sé, respondió.

¿Sabes que tienes derechos y que ningún hombre te puede lastimar? -No. No lo sé.

Si algo te hace tu esposo que te lastime, ¿sabes a quién acudir? – No, le digo a mi suegra. La respuesta me dejo hasta hoy muy preocupada.

 

Lizbeth nació el 18 de octubre de 1998, fue una niña siempre amada, la primera hija de Juana, su madre. Lizbeth Mendoza Gómez, “desde pequeña era feliz, era una niña reservada, pero extremadamente cariñosa, siempre fue muy amorosa y tranquila, con la mirada te hacía sentir mucha calma, tuvo sus momentos de rebeldía, pero en general siempre se mantenía ecuánime, tierna”.  Recuerda Juanita.

En 2015 conoció a Rubén, de inmediato le hizo saber a su mamá que estaba enamorada; A Juana, no le gustaba mucho el hecho de que tuviera novio, la dejó para evitar que se estuviera escondiendo de ella, sin embargo, la relación de Rubén y Liz no era muy buena, el solía ser muy controlador, celoso, a pesar de ello, “un día llegó y me dijo, mamá me voy a vivir con Rubén, el me ama y yo lo quiero mucho, “se casaron por la iglesia de Rubén (cristiana). Desde el principio la relación no era buena, él no trabajaba, vivían de un lado a otro, intentaban poner puestos de carnitas, de infinidad de cosas, pero nunca duraban. Él era muy problemático”. Cuando Juanita, llegaba a preguntarle a Liz, si todo estaba bien, ella solo respondía que sí, que Rubén la amaba.

Liz se convirtió en madre de un pequeño, al que adoraba, era su mundo, las cosas cada vez iban peor con Rubén, luego de algún tiempo, Liz empezaba a darse cuenta de que la violencia era excesiva, por lo que intentó infinidad de veces dejarlo, en esos momentos se convencía que no era lo mejor para su vida, pero Rubén y su familia, no dejaban que se fuera, cada vez que peleaban la buscaba, la llamaba, y la llevaba de regreso, “a veces creo que la religión esa que tienen le hizo mucho daño a mi niña, a mí me decía algunas cosas, pero con la que siempre hablaba era con su suegra, y parecía que por ratos la señora calmaba a Rubén.

El 07 de julio de 2018, luego de un sinfín de intentos por dejar a Rubén, algo pasó, algo en el que solo la muerte libró a Liz de su verdugo. “Ese día llegó la policía hasta la casa, mi corazón dio un vuelco, sabía perfectamente que algo le había pasado a mi niña. La policía me comentó que fuera por mi nieto, de casi dos años, porque estaba llorando mucho, y mi hija no estaba, al llegar vimos  la casa manchada de sangre, algo había sucedido ahí, pregunte por mí hija y ella se encontraba en la clínica a la que Rubén la había llevado, cuando llegue me hicieron saber que él estaba argumentando que los habían asaltado, dando muchas versiones diferentes, yo lo único que deseaba era abrazar a mi hija, saber que estaba bien, aunque en el fondo sabía que no era así”.

Rubén fue detenido de inmediato, al encontrarlo sospechoso del feminicidio de Liz, quien el pasado 18 de octubre habría cumplido veinte años, una mujer que se enamoró, una más que confió en el hombre equivocado, sí, una mujer que se casó sin pensar que aquel que la había enamorado, un día le iba a arrancar la vida.

 

Rubén está esperando, a que sus padres habituados a sus constantes agresiones lo saquen de la cárcel, argumentando que fue un asalto, sin embargo, Juana, sabe que no es así por lo que se mantiene vigilante para evitar que una vez más los padres de Rubén lo rescaten del atolladero, resolviendo sus problemas, con dinero, siempre con dinero.

Juanita llegó a aquella reunión en Zinacantepec, deseosa de hablar con quien escribe, con la petición de ponerle nombre a su hija. El feminicidio de Liz, tampoco fue registrado por la prensa, y eso le aterraba a Juana, “No quiero que mi Liz sea un número más en la larga lista de feminicidios en el Estado de México. Quiero justicia para mi hija, y para mi nieto, quien se ha quedado sin el calor de su mamá, ya ni siquiera alcanzó a verlo cumplir dos años”.

Liz, se enamoró, pero no fue su culpa, no lo hizo de ese monstruo quien le hizo pasar los últimos momentos de su vida llenos de terror, momentos que pasaron del cielo al infierno los cuales paulatinamente, culminaron en los segundos más angustiantes para ella, saber que iba a morir, que su pequeño ya no estaría a su lado, últimos momentos llena de dolor porque ya no abrazaría a sus abuelos, personas llena de sencillez que viven en uno de esos lugares donde aparentemente la maldad aun no trastoca la conciencia colectiva.

Las tías de Liz, lloran y abrazan a su hermana para tratar de darle esa fuerza que ocupa para seguir buscando justicia, la madre de Juana, y abuela de Liz, solloza cerca de la cocina, y expresa. “La extraño, yo quiero a todos mis nietos y bisnietos, y me duele mucho lo que paso con Liz, el año pasado le hicimos la bienvenida a su bebé aquí en esta casa, y hoy ella no está, ya no va a regresar. A veces solo los sueños nos dejan verla, toda vestida de blanco y pidiendo que no dejemos a su pequeño, pero sueños, solo nos queda eso”.

“Quiero justicia, Me reitera Juana, “Ayúdame Frida, quiero que pague por lo que hizo, que pague cada golpe, cada lagrima, cada puñalada que le dio a mi hija, porque Liz, no se merecía lo que Rubén abrazado de los mimos de sus padres hizo sufrir a mi niña. Solo Justicia, no quiero más nada”.

Liz también le hizo saber a su suegra lo que sucedía, como es normal que suceda en estos rincones de México, y no hizo nada por salvarla, Verónica al ignorar que tiene derechos hará lo mismo si la llegará a lastimar su esposo.

La reflexión sigue siendo la misma, volteemos a ayudar a aquellas mujeres que desconocen que pueden y deben denunciar a sus agresores, evitemos que más mujeres se queden en la invisibilidad, suponiendo que callar es lo normal, acerquémonos a ellas, porque estoy segura que, de hacerlo, iniciaremos con la cadena de información que puede salvar la vida de muchas mujeres en este país.

 

noviembre 2018

 

Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo. De una mujer víctima de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio búscame, ayúdame a visualizarlas y contar su historia. Voces de la Ausencia.

 

@FridaGuerrera

fridaguerrera@gmail.com