Las empresas que han saqueado a la nación

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Ahora que la corrupción ocupa el interés público y por doquier salen casos de desvíos millonarios, es necesario preguntarnos cosas como, ¿quién paga los sobornos que reciben funcionarios y políticos? ¿Qué pasa cuando el afán excesivo de lucro no tiene límite? O, ¿cómo funciona la relación entre poder político, corrupción corporativa e impunidad?

La nueva obra de Raúl Olmos, destacado periodista que labora en Mexicanos unidos contra la Corrupción, las responde investigando este saqueo corporativo que de manera parecida a una criatura del Leviatán chupa toda riqueza que encuentra a su paso. De hecho, tienen su parte importante de responsabilidad en el desastre nacional a través de modelos de negocio como el de “dando y dando” o Quid pro quo, y modos de corromper que a más de uno resultarán todo un patrón delictivo.

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Por ejemplo, regalar yates, Ferraris o vacaciones lujosas que incluyen Gran Premio de Mónaco o cruceros por el Mediterráneo a funcionarios y familiares. El pago de tarjetas y liquidación de deudas bancarias, pero también falsificar documentos, usar prestanombres, crear sistemas con intermediarios externos para hacer pagos ilícitos, simulación de servicios y/o de consultorías para encubrir sobornos, códigos secretos para referirse a los corrompidos, transferencias de dinero a cuentas ubicadas en paraísos fiscales y triangulación financiera. También los daños al medio ambiente, como hacen Nestlé o Celanese, y los típicos sobrecostos inflando precios para cubrir el costo del soborno, lo cual resulta criminal en casos de salud pública pues estos aumentos se traducen en menos medicamentos e insumos para enfermos y hospitales. Lo que hizo la empresa alemana Fresenius al IMSS, aunque en la obra aparecen otras corruptelas de compañías como Syncor, Olimpus, Teva, Nadro, Orthofix, Stryker con sus fraudes por 3 sexenios, o Zimmer Bionet, que hasta contrabandeó implantes dentales. En EU la multaron con millones y aquí siguió como proveedor del gobierno.

Las farmacéuticas ocupan su propio capítulo, y entre otros datos relevantes destaca el hecho que 9 de cada 10 compañías del sector gastan más en mercadotecnia que en desarrollo científico, las formas como extienden su monopolio vencidas las patentes, las licitaciones amañadas y al dedazo, el cártel de los medicamentos cuya multa fue de risa y donde participaron Eli Lilly, Baxter, Fresenius, Cryopharma, Pisa y Probiomed. Otro caso relacionado con el frágil estado de la salud pública -dado que 70% de población adulta tiene sobrepeso y 44% de muertes en México por Covid 19 están relacionadas con hipertensión, diabetes y obesidad-, es el de la industria de alimentos y bebidas de alto contenido calórico que hasta han hecho de la sed un negocio obteniendo concesiones para extraer agua incluso donde hay muy poca, con millonarios beneficios fiscales otorgados por Calderón y Peña Nieto, apelando a tribunales internacionales para preservar sus ganancias a costa de la salud de millones de personas, como ha hecho Nestlé, y con burdos conflictos de interés como la participación en el órgano de gobierno encargado de prevenir el sobrepeso y la obesidad de Bimbo, Peñafiel, Kellog’s, Bacardí, Heineken,  Femsa, además dueña de la cadena Oxxo que es una de las principales expendedoras de los llamados productos chatarra, Pepsico y Coca-Cola. A estas 2 últimas el sexenio pasado además se les condonaron en impuestos mil 733 millones de pesos.

Fábrica de embotellado de refrescos, EUA - NCH Europe

Una pequeña muestra tan solo del sector salud, pero en la obra no falta el cártel de los pollos de Pilgrim’s Pride y Tyson que encarecieron 32% el precio de la principal fuente de proteína de la población que les pagó un sobreprecio de 107 millones de pesos, Afores como Grupo Sura, Banorte, Profuturo y Afore XXI repartiéndose ilícitamente el mercado, cárteles michoacanos de la droga vinculados con mineras como Eastwin Mining, Shangai International, Oriente minero o Consorcio minero El Águila, una empresa fachada de Wal Mart avecindada en Hong Kong, o su gratificación de más de 200 mil dólares como soborno para construir un supermercado en Teotihuacán. Tampoco las historias de sobornos en Pemex desde tiempos de Fox, la omisión y complicidad de poderes político-económicos en contratos donde el Estado literalmente subsidia a los inversionistas, como la CFE con Iberdrola, Abengoa o Sempra, las andanzas de Enrique Ochoa en Ecuador que trajeron consigo una demanda por 223 millones de dólares, y otras ideas ejecutadas por Zedillo que dejó una salinera en manos de Mitsubishi o la infraestructura eléctrica a multinacionales, sin faltar el caso de Odebrecht y Etileno XXI cuyo contrato firmado por Felipe Calderón hizo que en la práctica el gobierno subsidia la operación de la planta y entre otros particulares beneficiados está la familia política del ex secretario Javier Jiménez Espriú. Lo que hasta ahora tampoco parecen investigar las autoridades, que no atinan en hacer más aliados para este combate que es muy fácil perder pues no pocas empresas acusadas y sancionadas por corrupción ya lograron reacomodo en la autodenominada 4T, como T-Systems que ha sido impugnada por el SAT 4 veces en un contrato, la francesa Alstom de la línea 12 del metro chilango que pese a fallos y sobornos –que se remontan al sexenio de Zedillo- ha ganado más de 36 mil millones y no cumple el pago cabal de impuestos, o el CCC de China que participa en la construcción del tren Maya.

Exhiben sobornos a funcionarios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto - MetropoliMx

Y es que en México se ha premiado lo pillo y lo corrupto al punto de ocupar el 3er lugar mundial en corrupción corporativa. Su impunidad da para que diversas multinacionales hayan podido confesar que obtuvieron contratos mediante sobornos, que siempre resultan demasiado pequeños para las ganancias que obtienen, y luego volver a incurrir en irregularidades como si nada hubiera pasado y de paso obtener millonarios beneficios fiscales como las petroleras Nabors, Noble Drilling y Pride International, que además evadió el pago de impuestos y luego se esfumó. O reconocer que han sido corruptos, como Key Energy, y a cambio recibir más contratos de Peña Nieto que también endilgó a la siguiente administración la carga financiera de Seadrill. Sin faltar las advertencias de Estados Unidos sobre algunas tramas de corrupción, como la que hizo a Calderón respecto a la suiza ABB con la CFE, que fueron ignoradas y a cambio más contratos millonarios. Inclusive en ese país muchas de estas empresas han sido condenadas judicialmente, pero aquí todavía se les consiente y su corrupción no se ha castigado. Una lectura obligada para entender el saqueo corporativo y sus largos tentáculos.