“El corazón humano es el punto de partida de todo lo relacionado con la guerra y la violencia”
Marechal de Saxe

Las redes sociales, especialmente Twitter, donde las constantes guerras electrónicas entre #Chairos y #Fifís, han hecho que ésta red social sea el campo de batalla moderno, donde las huestes de los Obradoristas #Amlovers combaten contra sus adversarios ideológicos bajo las banderas de los #Hashtags, como #COMANDANTEBOROLAS para los primeros y #COMANDANTESINBOLAS para los segundos, por ejemplo.

La polarización en las redes sociales, han hecho que cualquier acción realizada por el actual gobierno, sea magnificada por la oposición y que los autonombrados “líderes de opinión” y tenedores de la verdad sean los profetas de esa oposición, que augura a los cuatro vientos las intentonas golpistas de la autonombrada Cuarta Transformación.

En este esquema, sale a colación lo vertido por el escritor Lawrence LeShan, en su libro LA PSICOLOGÍA DE LA GUERRA, (Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1995) donde el autor nos cuenta como la guerra ha estado intrínsecamente en cada una de las actividades del hombre, además de tener un atractivo más que atávico hacia esa actividad sangrienta bajo las siguientes premisas:

  1. La guerra es inevitable, en vista de la naturaleza del hombre.
  2. Las guerras se hacen para obtener beneficios económicos.
  3. El hombre es un animal gregario, y la naturaleza y estructura de los grupos conducen irremediablemente hacia la confrontación.
    De acuerdo al autor, las “teorías contemporáneas sobre la guerra se dividen en dos principalmente. Una atribuye la guerra a cuestiones innatas, biológicas o psicológicas; mientras que la otra a ciertas relaciones o instituciones sociales”.

Los marxistas hablan de “lucha de clases”, los capitalistas de la ley del más fuerte y así cada posición política tiene en su bagaje la justificación para denostar y combatir a sus adversarios.

El autor nos advierte que cuando aparecen éstos signos en la sociedad, nos estamos encaminando a una guerra inminente y es cuando los gobiernos y líderes de opinión, deben de poner freno a sus huestes y los signos o alertas en cuestión son:

• La idea de que hay un enemigo que encarna el mal y debe de ser derrotado, ya que sin él el mundo sería un paraíso, tal como lo refieren los anti López Obradoristas, quienes cualquier mal encontrado con lupa, culpan al actual mandatario de fomentarlo.
• La idea de que actuar en contra de ese enemigo es el camino a la gloria.
• La idea de quien no esté de acuerdo con sus ideas, es un traidor, siendo ésta la más peligrosa, ya que, en el caso de las redes sociales, se deshumaniza a los interlocutores tildándolos de #Chairos”, #Fifís y un sinfín de epítetos dados por Troles, quienes hacen eco de las denostaciones, violentando en todo momento la buena convivencia y discusión en las redes, donde se gestan las nuevas batallas ideológicas.

El autor nos menciona que, en tiempos de paz y concordia, el bien y el mal tiene diferentes matices, siendo las opiniones buenas o malas y en tiempos álgidos, la discusión se cierne sobre ellos o nosotros, sin que la cordura tenga cabida.

Mientras más intransigente eres, más pertenencia de grupo adquieres. Sí eres un atacante constante para todo aquel que por convicción o interés apoya a la Cuarta Transformación, ganarás adeptos dentro del campo virtual de los #Fifís, #Derechairo o cualquier epíteto que los troles o los agraviados otorguen.

“La violencia individual es una expresión de impulsos de autoafirmación o autoprotección” nos dice el autor, cuyo libro está enfocado más en los conflictos bélicos entre las naciones, pero cuyas ideas torales, pueden ser traspoladas a las guerras diarias suscitadas en las redes sociales.

La tecnología tiene dos aristas. Puede ser usada para bien o para mal como todo en la vida, y las redes sociales que en un principio se hicieron para hacer de ésta aldea global, algo más comunicado, se ha polarizado, en parte por la facilidad con la que se puede verter una opinión, un infundio o improperio desde la comodidad del hogar y desde el anonimato que pueden dar los avatar y pseudónimos.

Es por ello que LeShan pese al paso de los años, su texto no ha perdido vigencia, ya que el hombre sigue siendo el lobo del hombre y el acosador del mismo en las redes sociales.

Los improperios que entre amigos llegamos a verter, no trascienden más allá del chisme y del calor del momento, pero cuando se ponen por escrito en una red social, pueden ser más que lapidarios, sino coméntenle al Dr, José Mireles Valverde, titular del ISSSTE, cuyo vocabulario folclórico lo puso en predicamento, cuando se refirió a las parejas de los derechohabientes como “pirujas”.

Otro caso es el de “Ladyterrorista, donde una empleada de la aerolínea INTERJET vertió en su muro de Facebook el siguiente comentario: “Debería de caer una bomba en el zócalo…nos haría un favor a todos. #VivaMéxico”, comentario para algunos insulso y para otros una alerta sobre el sentir de las personas que transportan vidas humanas y que sugieran actos de tal naturaleza.

No hay que olvidar que, en la actualidad, lo que se publica en las redes sociales, pasa de lo personal y privado a lo público, por lo que cualquier exabrupto puede ser magnificado y usado en nuestra contra.

Sin duda un libro para reflexionar sobre la violencia, que sigue contaminando y polarizando a nuestra sociedad y redes sociales.

 

@borgestom