Por Paulina García M.

En ocasiones las palabras no alcanzan para comunicar lo que el alma quiere decir, por eso existen los abrazos. En las pérdidas más dolorosas, en los triunfos más resplandecientes o en medio de una crisis de llanto, a veces sólo basta con un abrazo para volver a unir los fragmentos de nuestro ser. 

El contacto físico es algo indispensable desde los primeros meses de vida, pues de acuerdo con diversos estudios, un bebé no lograría sobrevivir sin amor y calor humano. Sin embargo, no es algo exclusivo de estos primeros tiempos, sino que es una necesidad a lo largo de toda nuestra vida. 

De acuerdo con los psicólogos, cuando abrazamos realizamos un “contacto interpersonal”, el cual provoca que se liberen en nuestro cerebro sustancias como la dopamina y la serotonina, que nos proporcionan múltiples beneficios.

Reducimos el estrés: Tener contacto físico reduce el cortisol, el cual es el causante de nuestro alto nivel de ansiedad. Así que, nos quedamos con una sensación de tranquilidad. 

Se eleva nuestra autoestima: Son varios los especialistas que afirman que la autoestima se encuentra directamente relacionada con el contacto físico que hemos recibido desde nuestra infancia y a lo largo de nuestra vida. 

Combatir enfermedades: Recibir abrazos, además de darnos beneficios psicológicos, nos ayudará a combatir enfermedades o prevenirlas, pues el cerebro creará una mayor cantidad de glóbulos blancos que fortalecen el sistema inmunológico.

Disminuye los sentimientos de enojo y apatía: Al abrazar, se estimula la circulación en nuestro cuerpo, esto ayuda a liberarnos de la tensión, aumenta nuestra confianza, seguridad y estado de ánimo.