“Just Breath” un importante cortometraje sobre las emociones

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Por Ximena Delgado

Todos experimentamos felicidad, amor, angustia, tristeza, enojo y miedo en diversos momentos de nuestras vidas. En ocasiones, denominamos algunas de estas emociones básicas como algo “bueno” o algo “malo”, cuando en realidad se trata de reacciones a diversos estímulos externos que todo ser humano es capaz de sentir, es decir, es algo natural e inherente a nosotros donde no existen realmente emociones buenas o malas. Es común que experimentar sentimientos positivos sea bien recibido. Cualquiera es libre de expresar alegría y de reír, pero cuando se trata de llanto o de enojo, somos reprimidos con expresiones como “no llores/no te enojes” o, peor aún, nosotros mismos lo hacemos porque “está mal visto que nos vean con los ojos llorosos e hinchados” o porque “nos da miedo perder un poco los estribos cuando alguien nos hace enojar”. El problema de esto es que no nos permitimos tener una CONCIENCIA sobre nuestros sentimientos, no nos permitimos conocer nuestro lado triste o nuestro lado enojado, ni mucho menos les brindamos un espacio en nuestro día a esos sentimientos y nos liberamos así, de toda esa carga emocional que la mayoría de las veces necesitamos sacar y que es la que nos mantiene tan tensos. Por eso nuestro cuerpo tiene diversas respuestas fisiológicas (como el llanto, dolores de cabeza o incluso el sonrojarse), porque expresan algo. Con esto no quiero decir que enojarnos y soltar bofetadas sea algo que debamos hacer, ni mucho menos algo que se justifique “porque estábamos tan enojados que así nos salió”. Con ello me refiero a algo que hacemos con menos frecuencia o que sencillamente no hacemos. Estoy hablando de percatarnos, por ejemplo, de que estamos sintiendo angustia por “x” cosa, o de que sentimos tristeza porque “fulanito nos dijo tal cosa”. En palabras más simples, no sabemos percatarnos de lo que sentimos, y eso que todos experimentamos emociones a lo largo del día.

Desde que comencé a ir a terapia para entenderme mejor y aprender a “manejar mis emociones”, me he dado cuenta de que siempre he tenido una idea equivocada sobre el tema. Siempre he creído que puedo controlar todo lo que siento, o peor, que “debo” reprimirlo, porque se van a dar cuenta de que una parte de mi Yo es muy sensible. Te contaré algo, el ir a terapia me ha enseñado que más que aprender a controlarme, necesito aprender a escucharme y a darme un tiempo para sentir mis emociones. Como muchas otras personas, padezco de un Trastorno de Ansiedad Generalizada, y no ha sido nada fácil percatarme de ello, ni aprender a sobrellevarlo, o si quieres decirlo así, “superarlo”. Si algo he aprendido en terapia es que nunca me había detenido cinco minutos para preguntarme mentalmente:

— “¿Cómo me siento?”

— “R= Enojada.”

— “¿Por qué estoy tan enojada?”

— “R= Porque “x” me dijo esto y eso fue muy grosero”.

Era muy común para mí el sentir una cierta emoción sin siquiera percatarme de ella o de lo que pensaba. Siempre me olvidaba de mí (a veces aún lo hago). Pero el aprender a identificar mis sentimientos, necesidades y emociones ha sido algo que poco a poco me ha cambiado. No sólo mi perspectiva ante las cosas se ha ido modificando, sino también he aprendido a cambiar los pensamientos que desatan mi ansiedad por unos que me resultan más funcionales.

Esta ha sido mi experiencia hasta hoy en día, sin embargo, hace poco me topé con un cortometraje que aborda el tema a la perfección. Se trata de “Just Breathe”, un video realizado por Julie Bayer y Josh Salzman, en el que un grupo de niños describen sus emociones y sus reacciones al experimentar el enojo y qué situaciones dan paso a este sentir. El video muestra la forma en que los pequeños expresan ese sentimiento y cómo es que luego lo manejan. Sin duda, este bonito corto contiene un sencillo pero importantísimo mensaje sobre el aprendizaje y la inteligencia emocional tanto para niños y adolescentes como para adultos; aplicable a cualquier tipo de emoción. “Just Breathe” nos recuerda cómo algo tan sencillo y vital como enfocarnos en nuestra respiración y en nuestros sentimientos puede ayudarnos a manejarlos de una mejor manera. Tratar de plasmar lo que sentimos en palabras puede ser muy liberador, así que si no estás acostumbrada o acostumbrado a preguntarte cómo es que te sientes, te invito a que la próxima vez que experimentes cualquier emoción trates de realizar un ejercicio similar al del video. Tal vez no sientas que tu vida cambió por preguntarte una vez cómo es que te sentías, pero si tratas de incorporarlo a tu vida, estoy segura de que entenderás muy pronto de lo que hablo.