Para Yoss, por su carrera ascendente.

Pese a su estado actual, la atracción por el box no decae. En su historia ha tenido aficionados de la talla de Ernest Hemingway o Julio Cortázar, se volvió motivo cinematográfico que va de Rocky al ya clásico Toro salvaje, de Scorsese, sin faltar el Campeón sin corona. Y tampoco sus crónicas, como la del desencuentro entre un escritor y el ídolo en las glorias del gran Púas.

Entre tantos campeones con arrastre popular Julio César Chávez genera interés al punto que ahora cuenta con teleserie biográfica y está en tratos para hacer una película, “no un churro” asegura, además de al menos tres libros publicados y más de un documental sobre su carrera y vida. La novedad de la recién publicada verdadera historia es su escritura desde adentro, esto es, contada por su hermano mayor y recopilada por un amigo suyo.

El inicio del relato se asemeja a la infancia de muchos otros peleadores profesionales donde sobran las carencias y pobreza. Desde niño es bueno para los golpes y más tarde sigue los pasos de sus hermanos en las artes de la defensa y el ataque que disciplinan la violencia. Comienza una trayectoria ascendente, donde ese látigo que es la disciplina según Truman Capote, permite llevar a cabo las metas trazadas con sus estrategias para obtenerlas y al hacer la diferencia destacar, convirtiéndose en el primer mexicano con tres títulos mundiales en igual número de divisiones protagonizando buenas peleas contra Edwin Rosario, Macho Camacho, Roger Mayweather o Meldrick Taylor; ahora narradas desde su esquina donde trabajó Rodolfo Chávez, quien describe con precisión el sonido que se produce entre boxeadores cuando combaten: “como si golpearas una res con un bate de béisbol”.

Como a tantos otros deportistas, esta carrera ascendente le fue otorgando cada vez más fama y fortuna al punto de lo mismo atraer seguidores de todas las clases sociales que al presidente Salinas, a deslumbrantes actrices, tiburones de la promoción como Don King y narcotraficantes de grandes ligas que se mencionan veladamente. “Los conozco a todos, y todos quieren la foto”, ha dicho. Una afición que incluso hizo que Francisco Arellano Félix se pusiera peluca y lo acompañara en su séquito a una pelea en el estadio Azteca.

Y al igual que a otros conocidos campeones le alcanzó eso que también recitaba el ídolo quizá más carismático de los boxeadores mexicanos, Rubén Olivares, en El rey de la Bondojo: “Las luchas cruentas no son las del ring arriba, luchas cruentas y sangrientas son abajo, con esos cuates que te lavan el cerebro, y te empujan como piedra cuesta abajo…”. Claro que como en tiempos de Julio César Chávez las ganancias eran en millones de dólares, los excesos se multiplicaron proporcionalmente tanto como los beneficios pues hasta tuvo acceso al baño privado de un Papa. A eso debe sumarse el peso que la propia fama y celebridad pueden traer consigo, más la presión de la gente dondequiera que esté y que para entonces debieron ser monumentales.

Lo que todavía puede verse hasta hoy, por ejemplo en la presentación del libro hace unos días que puede apreciarse en este mismo blog (Link abajo).  Al margen de cualquier sociología del espectáculo o la presión ejercida por jefes para obtener “la nota”, el acoso de ciert@s reporter@s que a veces se confunden con fans o como parte de la propia farándula, puede pasar por la búsqueda incansable del morbo y entrometerse en la vida privada e íntima, pedir la opinión sobre cualquier cosa, dejar cegado momentáneamente con luces de flash, o la persecución con camarógrafo incluido del personaje en cuestión y en la que también pueden sumarse acosadores profesionales disfrazados de paparazzi y no faltar empujones del personal de seguridad rebasados por la cantidad de personas que querían estar cerca de un ídolo, que al menos esta ocasión prácticamente fue a refugiarse a una habitación contigua a la sala en lo que se calmaban las cosas.

El libro aborda lo familiar y parte de los abusos con alcohol y cocaína, sin faltar anécdotas que muestran el juego de la suerte e implicaciones de ser el gran campeón mexicano, como lo presentaba el anunciador Jimmy Lennon Jr. Y aunque trata también parte de su proceso de rehabilitación, queda a deber sobre todo porque ahora ayuda a personas a superar problemas de adicción y su experiencia y voz a través del libro serían de utilidad. Y todavía más si incorporara las dificultades para dejar pasar las tentaciones de la fiesta y sus placeres asociados siendo gloria del deporte nacional, la frivolidad de la fama y el espectáculo, o las presiones que trae consigo ser ídolo carismático que en muy pocos lugares puede estar sin que alguien le ofrezca o pida algo.

Aunque Chávez no ha leído el libro pues dice que no lee, este no solo ofrece una mirada de primera mano a su mundo íntimo y trayectoria de vida sino que además muestra que lo más difícil no es llegar sino mantenerse, la perseverancia para alcanzar metas y sobreponerse a las adversidades. Y entre todo esto darse tiempo para ayudar a los suyos, que incluye a los más necesitados. En su caso, y como gran campeón de boxeo, repartiendo dólares en barrios pobres de Culiacán prácticamente casa por casa.

Editorial Aguilar