Jojo Rabbit: una bonita lección de empatía y tolerancia

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Por: Paulina García M. 

A pesar de que hubo mucha polémica en torno al estreno de “Jojo Rabbit”, por tratar temas de la Alemania nazi desde una perspectiva satírica, fue bien recibida por el público e incluso fue la ganadora del Oscar a Me­jor guión adaptado.

En la película “Jojo Rabbit”, el director Taika Waititi, plasmó un tema constante dentro de la humanidad a lo largo de los siglos: el miedo, desprecio u odio hacia el otro, hacia aquel que sea diferente a nosotros o que tenga ideas que chocan con las nuestras, para ello se valió de una historia que se ubica en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

La cinta narra la historia de Jojo Betzle, un niño de diez años que ha crecido con la idea implantada de ser un fanático del régimen de la Alemania Nazi y que tiene por amigo imaginario a un Hitler caricaturizado, quien lo aconseja en sus momentos difíciles.

Sin embargo, las convicciones de Jojo comienzan a desmoronarse cuando descubre que su madre esconde en la casa a una chica judía. Así que, conforme avanza la historia, el niño deja de satanizar a la joven y conviviendo con ella, comienza a descubrir que, aunque ambos son de una clase social diferente y con ideas distintas, también tienen semejanzas y grandes virtudes.

De forma que, Jojo se deshace de las creencias que la sociedad le ha impuesto sobre los otros; asimismo, pierde su inocencia al enfrentarse a las tragedias del mundo real y descubre el proceso de pasar del odio al amor.

Es así que, la serie de elementos que se mezclan en esta película satírica, entre los que también destacan la amistad, el apoyo mutuo, la fortaleza y el cariño maternal, logran conmover, hacer reír y reflexionar al espectador.