Estados Unidos encabeza una nueva misión diplomática en pos de la democracia, una que aspira a ser la más desastrosa hasta ahora del siglo XXI. Si los estados “aliados” se dejan dirigir por la desquiciada mente que gobierna a los asustados unidos, Irak será cosa de niños. Latinoamérica no llegará ni a traspatio, sino a un terreno de exterminio aséptico a tan sólo unas horas de vuelo de la capital estadounidense, desde la cual también se puede hasta caminar para invadir en caravana militar en sólo un par de días. Lo que han hecho con los musulmanes y el “mundo” árabe es escandaloso; un error que con Venezuela y los latinoamericanos no cometerán. Antes, la opinión será manipulada hasta el asqueo. El golpe es primero —y siempre— en los oídos y a los ojos con “información”, con la complicidad o voluntad suicida de quienes están escuchando y diciendo reiteradamente lo mismo: “Lo hacemos por la democracia”. [Aunque matemos y se maten entre ellos].

 

En otra latitud, con más altura –por así decirlo–, al norte de Washington, especialistas en Canadá señalan lo peligroso para su país y para el coro de naciones que se dejen arrastrar a la dinámica estadounidense de elegir lados. “Una mejor solución sería dejar que Venezuela resolvería esto ella misma con la mediación de México, Uruguay y el Papa Francisco… México, ahora tiene más credibilidad que cualquier de los presidentes o gobiernos del Grupo de Lima”, dice John Kirk, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Dalhousie, en cuestionamiento de CBC Radio sobre cuál debería ser el actuar de Canadá con respecto a esta emergencia.

 

¿Ser o no ser aliados? ¿De quién? ¿A cambio de qué? ¿En nombre de quiénes? Hoy, Venezuela es la cuestión para la misma respuesta de siempre: ya sabemos lo que quieren, lo que ansían, hasta lo que darían a cambio por tenerlo, incluyendo la vida de sus más pobres y manipulables ciudadanos y la de todos los latinoamericanos que no acepten ni toleren su modus operandi. No se puede defender a Maduro en este debate (que requiere otro análisis profundo y no ser el pretexto), pero jamás se podrá defender ni apoyar la intervención militar, golpista ni genocida de Estados Unidos o de cualquier otra nación contra una sociedad hermana, ¡joder!, son latinoamericanos, son un país soberano, son seres humanos que necesitan apoyo y mediación para resolver sus diferencias como comunidad, no una invasión militar para repartir el botín de lo que queda.