Feminicidio no es ni debe ser nota roja. Por Magda, por nosotras, por todas

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“Cuando tú saliste de este mundo, tu alma buena dejó el perfume de tu ejemplo”: Te amaré siempre, tu hermana Ángeles.
Escribamos de Magda. La menor de cinco hermanos (Ángeles, Jesús, Alonso y Edith) Entrañable hija. Mejor madre, pero no por inercia sino por lo entregada a sus tres hijas para quienes solo tuvo amor.
Escribamos de ella, de Magda, una mujer que decidió ser enfermera y se preparó para atender a quienes necesitaban reparar de nuevo sus alas y regresar a la vida cotidiana con más ímpetu.
Escribamos de María Magdalena porque merece que resaltemos muchas cualidades que medios de comunicación y periódicos aplastaron cuando escribieron de su feminicidio.
Magda fue asesinada el 2 de septiembre de 2013.
Sí, ese acto que anuló y pulverizó quien era ella para dar paso a notas escritas desde la ignorancia, datos imprecisos y vergonzosos salidos de quienes ni la conocían y se atrevieron a escribir sólo del un episodio de horror y dolor, -feminicidio que por cierto, la autoridad local (CDMX) y estatal (edomex) dieron carpetazo y nunca hubo una reparación del daño, -si es que eso existe cuando hay una pérdida integral, dolorosa que tanto lastima y cercena a la familia completa y amigos para convertirse en víctimas colaterales.
Hoy, en el Día Internacional de la Enfermería, enfoquémonos en ella, el centro de la familia Jardón Flores. En Magda, quien aprovechaba el tiempo de Navidad para volver a abrazar,- a quienes había abrazado horas antes-, para reunir a todos y a todas, para expresar en detalles lo mucho que amaba a su familia. Escribamos de ella, la que celebraba la vida de sí misma y de quienes la rodeaban.
Escribamos y sepamos, que al poco tiempo de graduarse como Enfermera General logró ser parte del Instituto Mexicano del Seguro Social y que fueron sus cualidades las que influyeron para que rápidamente ocupara el cargo de Jefe de enfermeras en el Hospital General Regional No. 25 Zaragoza.
Para Magda, cumplir cada día y cada noche en su labor de asistencia a los demás era pasión pura.
“Magda fue poseedora de una valiosa habilidad de comunicación, sabía escuchar y conversar. Siempre fue respetuosa con nosotras y nos pedía respetar a quienes llegaban a atenderse.
¿Cuántas de estas cualidades reconoces en una enfermera? Ella nos enseñó muchas muchas cosas.
Tenía entereza y empatía y se aseguraba que todos los pacientes estuvieran lo más cómodos posibles. Ella adaptó sus horarios en función de servir y prestar atención al detalle. Evitaba cometer errores. Magda supo ser vínculo y equilibrio y gozaba de una espléndida resistencia física y por encima de todas las cosas, era a pesar del carácter fuerte muy comprensiva, dice en entrevista para periodismoatodaprueba.blogspot.mx “R”, enfermera también y ex compañera de Magda. La extrañamos mucho pero la llevamos dentro y con orgullo que fuimos parte de su círculo de trabajo y amistad”
Quienes la amaron destacan que la sonrisa era parte de un rostro amable y dulce que nunca se difuminó.
Magda cuidó de muchos y amó profundamente a sus hijas, luz y corazón. Amó a su madre, padre, a sus hermanos y a su familia entera.
Hoy queremos que aquellas páginas de vergüenza que escriben algunos cuantos cuando una tragedia alcanza a una mujer, se borren… buscamos y queremos dignificar a quien a sus 43 años de vida, dio todo para que sus hijas tuvieran un futuro más promisorio….Y dejar en claro, que sí, los feminicidios son actos reprobables, dolorosos, pero jamás, -no para esta reportera-, las víctimas entran al reino de la indiferencia…por el contrario…sigue intacta su belleza y valor y eso es lo que respetaremos y resaltaremos…porque eso sembraron en la vida de quienes tuvieron el privilegio de gozar de tantas cosas buenas y positivas que aportaron al mundo y con eso nos quedamos de Magda.
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